"No estamos ahora mismo legitimados para «pedir la luna». Ni siquiera poseemos licencia para representar al planeta.

2026-04-19

Tan alta como la Luna

No sé si la humanidad sigue teniendo entre sus pretensiones ser tan alta como la Luna. Tampoco, si sería esta una buena manera de coger distancia de sus propias atrocidades o de aquellas perpetradas en su nombre por los más deleznables miembros de nuestra especie. Pero seguro que se trataría de un acto cobarde, una lavada de manos, un «¿he sido yo?», ajustándose después las delatoras lentes de su consabida miopía al más puro estilo Stiff Urkel.

 

Con un poco de disimulo y mucho de picardía, se puede transformar este «estar en la luna» que nos traemos entre las manos, ya sea real o metafórico, como un intento de tomar perspectiva y anticiparnos de una puñetera vez ante la incierta trayectoria que describe el desorbitado devenir de nuestro planeta; evidentemente, una deriva que está exenta del más mínimo criterio ético o moral.

 

Debido a esa errática elipsis que hemos descrito acá abajo como especie dominante, y puesto que hemos evidenciado inequívocos síntomas que nos encaminan a la autodestrucción, con los pies y hasta con la cabeza puesta en las cosas terrenales, no estamos ahora mismo legitimados para «pedir la luna». Ni siquiera poseemos licencia para representar al planeta. Menos cuando parece ser que los encargados de decidir el reparto de las tierras y sus recursos, quienes se han erigido a sí mismos como garantes del futuro de sus habitantes, lo cual hacen con total impunidad y ausencia de normas, son unos tipos —no sé si lunáticos— como el señor Trump o el señor Netanyahu.

 

Sí que hubo un tiempo en el que los habitantes de ese país que ahora dirige el loco engreído del pelo anaranjado querían y se sentían tan altos como la Luna. Se creían incluso dioses, tanto aquí en la Tierra como en el Cielo, a la par que sacaban pecho por sus misiones con nombres de dioses griegos. Lo hemos recordado y lo hemos vuelto a ver durante estos días, después de cada amenaza y tras la consiguiente recogida de cable de su nefasto presidente. Por eso que me cuesta imaginar a estas gentes, que son capaces de volver a la Luna y hasta de establecer allí colonias permanentes, votando al energúmeno en cuestión. Me cuesta un mundo —este precisamente, el que se nos está yendo al garate— ver a este país capaz de volver una y otra vez a un lugar situado a tantos miles de kilómetros de la Tierra, metiendo en la urna la papeleta con el nombre de este despojo humano, y más viendo las pistas que había dejado durante su primer mandato. Será que, como el mayor Tom de la canción de Bowie, estoy sentado en mi lata, muy por encima de la Luna, sopesando cuándo dejará de ser azul la Tierra, y sin poder hacer nada.


 

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