FLORI TAPIA 

"No me hacen gracia las despedidas, tal vez por eso, diciembre se me atraganta,

2025-12-20

El desguace

Ahora va y se muere Robe, y crecen como champiñones gentes de toda condición, proclamándose adeptos a su filosofía. Escucho que sus cenizas reposan en la funda de su guitarra, su universo: si un resquicio de su rebeldía fuera capaz de colarse por los dientes de la cremallera, ya lo habría hecho, aun siendo polvo, para mandar a todos esos a tomar por culo. Así se las gasta diciembre, así nace una leyenda, aunque para muchos de quienes ahora publican sus condolencias fuera poco más que un perroflauta, un proscrito, un indigente del rock. ¡Qué puto asco me da ese fariseísmo!

No me hacen gracia las despedidas, tal vez por eso, diciembre se me atraganta, porque huele a finiquito, a clausura, y nada que huela así me gusta, a menos que sea yo quien decida poner fin a algo.

Siento que estoy especialmente vulnerable, como si hubiera llegado a mi vida, para quedarse, ese momento en el que cuesta masticar el artificio de todo lo que está fuera y ya no hay marcha atrás ni forma de recuperar el ansia por vivir que nos acompaña antes de ese escenario. Nada resulta lo suficientemente estimulante como para mantener la sonrisa más de un segundo. Todo acontece tan deprisa, que hasta lo bueno parece caducar enseguida, casi sin poder disfrutarlo, sin poder saborear esa sensación que se parece a la felicidad, aunque sea haber conseguido una entrada para un concierto de Rosalía. Se debieron alinear los planetas a mi favor, porque a los cinco minutos de iniciarse la venta ya tenía el correo en mi buzón confirmando la adquisición de mi entrada. La amas o la odias. Yo estoy en el bando del amor. Su eclecticismo me enloquece. Y su talento aún más.

Me enamoran las personas que cuentan historias desde el corazón, porque la verdad, en una época en la que lo real es un bien escaso, tiene un valor especial.  Eso hace que cada vez me desenvuelva mejor en el océano de las soledades al que vamos a parar las almas incomprendidas. Ahí estamos los que amamos a fondo perdido, los que no recibimos postales de vuelta, los que no sabemos qué hacer con nuestras vidas en este mundo, los que nos vamos alejando de los lugares comunes, de las palabras huecas, de la corriente. Llegaré a ser yo, así me quede sola.

No digo que sea mejor, porque hay algo de desguace en esa retirada: o nos faltan piezas o nos sobran golpes, a veces las dos cosas, y eso nos hace inservibles, fuera de la circulación.

Creo que desde fuera se nos ve raros, vanidosos, extravagantes y un poco pirados. No hace mucho también yo tenía esa percepción. Hasta que algo lo cambia todo. Y ya no te hace gracia la gente con la que te reías, y ya no te apetece compartir lo que sientes, al menos que sepas que puedas hacerlo con alguien que también haya ido a parar al desguace. Y percibes que en esa libertad de elegir cómo, cuándo, dónde y con quién, hay también una condena, ese es el precio. Si estás en ese lado, no hace falta que te diga más, si sigues al otro lado, por más que intentara explicártelo, no lo entenderías. 


 

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