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"Tal vez el olor a sangre derramada de forma violenta no llegará a vuestras narices, porque la tierra la empapará, y vosotros, la élite, no os desplazáis a pie como un civil más. |
2026-01-11
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Carta a… P. E. 26

Carta a los que han perdido el Norte. Por Ensalmo 2026.
Nadie está libre de nada. Y en estos tiempos convulsos, vosotros, los mandatarios “disruptores” que encabezáis el liderazgo de diferentes países ponéis en jaque la paz mundial porque la avaricia es vuestro leitmotiv. Gobernantes “disruptores” que habéis perdido el Norte interrumpiendo según el cambio que habéis diseñado, premeditado, con alevosía y maldad, el buen transcurrir del alimento a la mesa de una familia, de las medicinas al enfermo, de la tranquilidad a un hogar, y a cambio instaláis el miedo en la cotidianeidad.
¿Cómo osáis destruir vidas humanas por capricho? Porque seguro que tenéis un buen colchón para el descanso, un techo donde protegeros y un excelente plato donde os servirán exquisitas viandas.
Seguro que, en la noche de cualquier noche, o en el día de cualquier día, el sonido de aviones o helicópteros sobrevolando los techos de las viviendas de las poblaciones o ciudades en las que habitáis, no os debe de romper el sueño, porque sabéis donde van a descargar el daño y quienes los envían.
Tal vez el olor a sangre derramada de forma violenta no llegará a vuestras narices, porque la tierra la empapará, y vosotros, la élite, no os desplazáis a pie como un civil más.
Pero en esta vida, y en todas, nada es gratis. Todo tiene un coste. Incluso los demonios sin alma, faltos de empatía engolados de presunción deberán rendir cuentas llegado el momento en el acto final de nuestras vidas.
Por ensalmo en este incipiente 2026 habéis puesto el dedo en una habitación del Planeta Tierra (planeta que es de todos) sostenidos por quienes no dan la cara y en las sombras de todas las oscuridades friccionan sus manos mientras sonríen.
Quizás tanta opresión haga que todo salte por los aires, no sé. Tal vez, sea un meteorito. O también pudiera ser que quienes sostienen las armas tomarán conciencia de que, en una invasión, guerra, o cambio de orden, quienes les dan órdenes y a los que obedecen están viviendo en la abundancia gracias a ellos, sin estar encabezando la batalla; y ellos a cambio del servicio prestado, estarán oliendo esa sangre derramada, llenando su equipaje en vida de malos y reprobables hechos.
Nadie es eterno, ni siquiera vosotros, “disruptores” de vida. Aunque hayáis perdido el Norte, ya no lo volveréis a encontrar por muchas operaciones estéticas que os hagáis para complacer vuestro narcisismo y ansias de longevidad, por muchos negocios que os inventéis, por muchas joyas que luzcáis, por todas las tecnologías que fantaseéis para que en vuestras mansiones habitéis más cómodos. Nada será suficiente para vosotros nunca. Nunca sabréis que es la verdadera y sana felicidad, ni la amistad, y seréis pobres en vuestro sentir. Siempre hasta el infinito, os sentiréis vacíos, sin alma, y seguiréis volviendo a esta vida una y otra vez a causar dolor, porque eso es solo lo que sabéis hacer. “Disruptores” de paz, generosos en maldad.


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