"En una sociedad democrática, conocer quién sustenta a cada grupo de comunicación debería ser obligatorio. 

2026-02-22

Información o audiencia

Ya sabemos que la información que cualquier medio de comunicación da está mediatizada por una serie de intereses económicos, políticos, ideológicos y de clase. Es de una ingenuidad o candidez extraordinarias creer que la información puede ser objetiva, imparcial o ecuánime. Un medio de información, sea escrito, de televisión, radiofónico o digital, tiene detrás de él poderosos intereses que son, frecuentemente, ocultados o simplemente enmascarados. Todo medio de comunicación tiene una línea editorial acorde con los intereses del grupo que lo financia y a ellos responde.
En una sociedad democrática, conocer quién sustenta a cada grupo de comunicación debería ser obligatorio. Debería ser de obligado conocimiento saber que el simple hecho de elegir una noticia, y no otra, responde a intereses ideológicos y o comerciales, entre otros, o que el espacio en la que se ubica no es aleatorio, de manera que tiene una gran repercusión en cómo la lectora o televidente la recibe. Abrir un telediario con la noticia de una supuesta ocupación de un piso y no con el desahucio de una familia de su vivienda no es casualidad.
Los medios de comunicación son empresas que al final del año en curso tienen que cuadrar sus cuentas positivamente. Es ahí donde está el dilema. La periodista o consejo de redacción, honestamente, tienen que elegir entre unas noticias u otras, sabiendo siempre que tienen encima una espada de Damocles. Tienen que elegir entre varias opciones, de las cuales, con frecuencia, alguna va a colisionar con los intereses de la empresa de su medio, con un partido político determinado, con una confesión religiosa, etc. 
Es difícil leer, escuchar o ver información honesta que responda a lo que realmente interesa al ciudadano o ciudadana de la calle. Está fuera de toda duda que los medios de información privados marcan su línea editorial respondiendo a los intereses de las empresas que los sustentan. Sin embargo, es más frustrante contemplar cómo una televisión pública renuncia a profundizar en la información para competir con las privadas por el principal objetivo: la audiencia. 
Desde hace algún tiempo la televisión pública, TVE, está subiendo la audiencia, para lo cual no ha dudado en quedarse en la orilla de las noticias sin llegar al fondo de las mismas. Hablar de la vivienda o de las pensiones, por ejemplo, temas de actualidad, quedándose en lo que el personaje público de turno dice ocurrentemente para confrontarse con el contrincante, es un fraude que se hace a la ciudadanía a la que pertenece el medio, aunque quien se la apropia no es ella. Que un grupo de tertulianos y tertulianas debatan de cualquier tema a base de discursos elaborados y enlatados previamente es un fraude intolerable que se hace al ciudadano necesitado de información veraz. Que importe más la declaración de cualquier personaje público, que busca acaparar portadas, que la opinión del responsable de una materia determinada con información y autoridad en la misma, es buscar la audiencia por encima de la información.
Con más crudeza, a riesgo de caer en cierta frivolidad, diré que ciertos programas de información y debate político están más cerca del archiconocido “Sálvame” que de otra cosa. En ciertos programas de TVE se busca más el espectáculo, la confrontación y la banalización de los temas que la información como derecho ciudadano.
Porque sí, importa más la audiencia que la información, con excepciones que confirman la regla.


 

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