"Los OSD fueron aprobados por unanimidad de los 193 de los Estados miembros en la Asamblea General.

2026-06-14

¡Aire fresco!

Escuchar al Papa León XIV ha supuesto una bocanada de aire fresco ante el clima bochornoso del medio ambiente político de nuestro país. Y si además no ha sido replicado, no porque no les haya apetecido sino porque no les es rentable, por tantas voces pestilentes llenas de odio, el refrigerio resultante ha sido más reconfortante. Y no solo se ha escuchado su voz, también se han visto sus hechos: la primera visita realizada ha sido a un centro de personas sin hogar de Cáritas, CEDIA, en Carabanchel. ¡Toda una declaración de intenciones y un mensaje atronador! Que ha sido, aún mayor, con las visitas al puerto de Arguineguín, uno de los principales puntos de llegada de personas inmigrantes, y al centro de acogida de migrantes “Las Raíces” en Tenerife. ¡Por favor, silencio y escuchad!

Lo más importante de los discursos del Papa León XIV es que están enraizados y conectados con la realidad de los problemas de nuestro planeta y de los objetivos que organismos internacionales como, por ejemplo, la ONU. Entre tanto ruido, tanta brutalidad y tanto disparate se nos ha olvidado que, desde 2015, la Organización de las Naciones Unidas marcó 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para ser cumplidos antes de 2030, de ahí su denominación, “Agenda 2030”. El propósito de esta iniciativa de la ONU era que todos los países del mundo, fundamentalmente los más desarrollados, se marcaran unas metas para erradicar la pobreza y la desigualdad fomentando la paz y la justicia. Mucho me temo que, para muchos de los lectores, esto le suene a chino o, simplemente, ya ni se acordarán de la existencia del este programa de las Naciones Unidas. Los OSD fueron aprobados por unanimidad de los 193 de los Estados miembros en la Asamblea General. Desafortunadamente un informe de la propia ONU ha concluido que ninguno de los objetivos se va a cumplir.  

Que dos instituciones como La Iglesia de Roma y la ONU, con el poder social y mediático que tienen, se encuentren desarmadas para poder atajar la deriva en la que este mundo se encuentra no es más que la evidencia de que el poder real está depositado en otras latitudes y otros intereses. Ninguna de las instituciones ni plantean ni cuestionan siquiera las estructuras de propiedad, producción y poder dominantes. La ONU porque desde su inicio fue diseñada para ser controlada por las potencias mundiales con derecho a veto en el Consejo de Seguridad. La ONU no tiene poder alguno para exigir el cumplimiento de sus programas o resoluciones ni para detener ningún conflicto y ni siquiera para sancionar a países como Israel, por ejemplo, a pesar del genocidio que ha realizado, y sigue haciendo, en Palestina. Y la Iglesia, al ser reconvertida en la religión oficial del Imperio Romano, inició su camino hacia posiciones que se alejaron del propio evangelio de Jesús de Nazaret. Aun así, que haya voces dentro de ella como la del mismo Papa Francisco, antes, y ahora la de León XIV, y de comunidades cristianas, eclesiales y parroquiales, son bocanadas de aire fresco con las que debemos aunar esfuerzos y resistir ante el belicismo que está invadiendo nuestras vidas.

Esas voces llenas de rencor, silenciadas por momentos, volverán a inundar los medios y las redes, pero no podrán borrar esas otras voces sosegadas, llenas de humanidad y de paz del Papa León XIV:

“Toda guerra constituye, en última instancia, una dolorosa derrota de la capacidad de negociar y también de aquella conciencia común de la humanidad que reconoce vínculos de justicia entre las naciones”.

“Allí donde una persona es discriminada por su origen nacional, étnico, religioso o lingüístico, o por su condición económica o social, se vulnera gravemente el principio universal de la igual dignidad de todos los seres humanos”.


 

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