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MANUEL PEGALAJAR PUERTA "solo existe un ridículo 3% de vivienda con algún tipo de protección, |
2025-11-30
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La vivienda, derecho o…

El acceso a la vivienda se considera, para una mayoría social, como el principal problema al que se enfrenta la población en general y la juventud en particular. Más allá de eso, hay dos visiones muy distintas: para la izquierda, la vivienda constituye el incumplimiento flagrante del artículo 47 de la Constitución española, ese que enuncia que ‘todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada’. Para la derecha, el problema es que no se da vía libre –más aún- a la construcción de inmuebles sin ningún tipo de control económico, social, urbanístico ni medioambiental, en definitiva, ‘sin intervencionismo público propio de los gobiernos social-comunistas’ (sic).
En este sentido, uno de los ‘errores’ importantes que se ha cometido en España en materia de vivienda es permitir que, tras un período de tiempo, centenares de miles de viviendas de VPO pasaran al mercado libre y se pudiera especular con ellas. Lo sé de buena tinta, porque lo he padecido. El otro gran ‘error’, desde luego aún mayor, es que nuestro país carece de un parque público de vivienda asequible, ya que solo existe un ridículo 3% de vivienda con algún tipo de protección, frente a medias europeas mucho mayores. Detrás de esto está, seguramente, ese cóctel-molotov socialmente letal que durante décadas ha conjugado la pasividad e inoperancia públicas en la construcción de viviendas asequibles con esa cultura social, muy asentada en España, de que la vivienda no es un derecho sino una inversión, y la más segura y rentable de todas desde el punto de vista de su revalorización.
En nuestro país, por tanto, faltan viviendas para empezar a ‘edificar’ ese inexistente parque público de vivienda asequible, pero también faltan muchas actuaciones de rehabilitación de viviendas en los cascos antiguos de infinidad de ciudades y pueblos por los que parece que ha pasado una guerra –viviendas desocupadas que están que se caen. Las políticas de rehabilitación deberían de impulsarse e incentivarse desde lo público, porque constituyen una de las patas de oferta de vivienda más sostenible y eficaz frente a la desertificación de los cascos antiguos. Junto a ello, es fundamental y urgente modificar la legislación en materia de alquiler, interviniendo directamente en los precios de los arrendamientos de viviendas y castigando fiscalmente con dureza tanto las viviendas vacías como los solares que permanecen en ese estado siguiendo la lógica de la especulación. Asimismo, urge atajar la gentrificación de las ciudades combatiendo, a través de una firme regulación –sí, intervencionista-, el cáncer que suponen los pisos turísticos.
Aquí o se regula o, por muchas viviendas que se construyan, estas no van a estar al alcance de la gente, porque la vivienda no se mueve en las coordenadas de la ley de la oferta y la demanda en cuanto a sus precios.
En mi opinión, y siguiendo las tesis de numerosos expert@s, el problema de la vivienda no se resume en el aumento de la oferta, algo que sin duda hay que llevar a cabo, sino también regular más, combatir la especulación, rehabilitar mucho más y conjugar las muy diversas variables que confluyen para entorpecer, cuando no imposibilitar, el cumplimiento efectivo del derecho constitucional de acceso a una vivienda digna.
Al final de todo está el capitalismo, como en todos los problemas sociales: una mayoría social quiere la pulpa del capitalismo, pero no el hueso de este, y el sistema capitalista solo tiene hueso para la clase trabajadora, que lo sigue siendo por más que le estén vendiendo la moto, un día sí y otro también, de que forman parte de esa entelequia que se llama clase media.


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