"Lo de los resultados de la fuerza política neofascista Vox tiene una lectura estatal —yo diría que incluso internacional—, 

2025-12-28

El único camino

Las elecciones autonómicas celebradas el pasado domingo en Extremadura por decisión de la presidenta María Guardiola han supuesto una pifia total, tanto para ella como para el PP, por cuanto si el objetivo de adelantarlas a poco más de mitad de mandato era el de obtener una mayoría absoluta en la cámara extremeña, los resultados de las urnas la hacen a ella y al PP tan dependiente de Vox como hasta ahora, pero con un Vox mucho más crecido tras pasar de cinco a once escaños. Dicho de una manera coloquial, al adelantar las elecciones extremeñas, la señora Guardiola ha hecho un pan como unas hostias. Para el PP, el otro objetivo de este adelanto electoral, ya en clave más nacional, era el de evidenciar el declive del PSOE —del ‘sanchismo’, como lo denomina el PP, porque el ‘feijoolismo’ no existe ante la falta de liderazgo del gallego—, y ese objetivo sí que lo han conseguido con creces, lo que denota lo que le importa el futuro de las extremeñas y extremeños al PP al situar a esa tierra como banco de pruebas electoral.
En lo que respecta al PSOE, sus desastrosos resultados estaban cantados tras empeñarse la dirección del partido en situar como candidato a la presidencia de la Junta de Extremadura a una persona procesada que, además, accedió al parlamento autonómico con la idea de blindarse con el correspondiente aforamiento y teniendo para ello que renunciar al escaño los cinco compañeros y compañeras que antecedían al candidato Miguel Ángel Gallardo en las listas de las elecciones del 28 de mayo de 2023. ¿Qué podía salir mal? Una bajada de diez escaños y gracias, porque la cosa podría haber salido todavía peor.
Lo de los resultados de la fuerza política neofascista Vox tiene una lectura estatal —yo diría que incluso internacional—, por cuanto el auge de los fascismos está teniendo una dimensión planetaria y, en mi opinión, tiene una connotación civilizatoria, más que política, que es la que explica lo inexplicable; que lo que denominamos ‘sociedades avanzadas’ estén retrocediendo hacia formas políticas y sociales más propias del siglo XIX que del XXI. Esta ‘moda’ o tendencia de vuelta a los fascismos cobra, en el caso de Extremadura, un carácter aún más sangrante si cabe, ya que estamos hablando de un territorio secularmente castigado por el caciquismo que, en lo político queda retratado con muchos megapíxeles de realidad social con la foto de Abascal y el candidato Fernández montados a caballo. Votar a Vox, votar esa secular estampa caciquil en Extremadura por parte de un número importante de trabajador@s y de gente humilde, ya sea por castigo a otras candidaturas, ya por el atrevimiento con el que en demasiadas ocasiones inviste la ignorancia a la gente, es un auténtico drama social cuyas consecuencias las van a padecer, ese mismo perfil de votantes, muy a corto plazo.
Finalmente, en estas elecciones la candidatura de Unidas por Extremadura ha pasado de cuatro a siete escaños (cuatro de ellos de IU y tres de Podemos), demostrándose que si la izquierda alternativa o transformadora concurre de manera unitaria a unas elecciones puede tener cierta presencia o peso institucional, pero estando abocada a convertirse en extraparlamentaria de no hacerlo así. Es lo que puede ocurrir en Andalucía si finalmente se confirma la presentación de tres candidaturas a la izquierda del PSOE —Por Andalucía, Adelante Andalucía y Podemos— en las elecciones autonómicas que se celebrarán en la primavera de 2026, lo que supondría un despropósito total y seguramente uno de los mayores desaguisados políticos y prueba del nueve de la miopía política de quienes se empecinen en esa división electoral absurda y ombliguista. Todavía se está a tiempo de revertir este disparate, ojalá que la inteligencia política dé para eso.


 

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