"Intentar ejercer la libertad acarrea graves consecuencias,...

2026-08-23

Libertad entre fusiles

Con la conmemoración del 90.º aniversario del asesinato de Federico García Lorca, reabrimos un debate que jamás ha dejado de estar vigente: la constante pretensión del poder de acallar la pluma del artista mediante la fuerza. La violencia no solo apagó la vida de Federico; también se cobró la de Miguel Hernández en los presidios franquistas y empujó a Antonio Machado a la muerte en el exilio. Otros, como Rafael Alberti, María Zambrano, Luis Cernuda o Juan Ramón Jiménez, lograron sobrevivir, aunque despojados de su tierra.

Esta intolerancia contra el pensamiento crítico no fue exclusiva de España ni dependió de un único signo ideológico. En la Unión Soviética, los poetas y creadores de la brillante Edad de Plata sufrieron primero la represión bolchevique y, posteriormente, la ferocidad del terror estalinista: Nikolái Gumiliov fue ejecutado por el régimen bolchevique, mientras Osip Mandelstam murió exhausto en un campo de tránsito hacia el Gulag. Además, autoras como Anna Ajmátova y Marina Tsvetáyeva vieron sus vidas y familias destrozadas por la censura y la persecución.

En Hispanoamérica, las dictaduras también persiguieron a escritores y artistas vinculados a la disidencia política, obligando a algunos al exilio y sometiendo a otros, como Julio Cortázar, Mario Benedetti e Isabel Allende, a la censura y la persecución. Del mismo modo, en Cuba, la imposición del dogma oficial sofocó la creación independiente, llevando al ostracismo, la cárcel o el exilio forzado a referentes clave como Reinaldo Arenas, Guillermo Cabrera Infante o Heberto Padilla.

En la actualidad, el control o la restricción de obras incómodas reaparece en diversos lugares del mundo bajo pretextos ideológicos o gubernamentales. Aunque las restricciones contemporáneas pueden responder, con una gravedad y unas consecuencias muy diferentes, a un impulso censor similar, resulta imprescindible no equipararlas con la brutalidad de la represión física del pasado. Esto ocurre de forma abierta con la represión estatal y el cierre de editoriales en Nicaragua o la estricta censura de China; pero también en democracias donde surgen fuertes restricciones sobre la cultura. Ejemplo de ello son los controvertidos vetos a textos literarios y de diversidad en distritos escolares de EE. UU. y Argentina, o las propuestas impulsadas en España por la formación política Vox para la retirada de materiales escolares por supuestos sesgos, como en el caso de Burriana (Castellón) con la restricción de libros LGTBI y de educación sexual en bibliotecas locales.

Ya sea mediante la violencia estatal explícita, mediante la censura administrativa o el veto institucional, cuestionar el relato oficial o diferir de la doctrina dominante sigue conllevando el riesgo del ostracismo y la persecución. Intentar ejercer la libertad acarrea graves consecuencias, paradójicamente impuestas por quienes prometen proteger a la sociedad. No obstante, una sociedad libre debe tolerar incluso las ideas que considera equivocadas, porque si concede a una autoridad el poder de decidir qué puede ser pensado, leído o creado, acaba entregándole una parte de la libertad individual.


 

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