"Ha llegado el momento de luchar cuerpo a cuerpo con toda la razón y con todas las ganas, antes de que sea tarde y volvamos a darnos garrotazos como en el cuadro de Goya

2026-02-22

Pasa la vida

Dice Manuel Vicent, a propósito del despropósito climatológico y político en el que andamos sumidos —ambos provocados por nuestro mal hacer ecológico y moral—, que «todo será como antes si uno lleva la primavera en el corazón», apelando una vez más a ese iluso proceder de soñadores empedernidos que se nos presupone a las mujeres y hombres de buena voluntad.
Por desgracia, ya no está la cosa para apelar a una sobrentendida bonhomía del respetable en general, sino para una intervención quirúrgica de urgencia que tapone este sangrante delirio de la humanidad hacia el ocaso. Después, si no, ya vamos hablando de la cura y, si se quiere, de la terapia de recuperación.
Antes que nada, habrá que hacer recuento para saber con certeza cuáles son nuestras fuerzas y con qué armas contamos. Y aquí nos llevaremos el primer susto, cuando nos dejemos de teorías, para comprobar de manera empírica cuántos de esos previsibles pocos efectivos de las fuerzas aliadas a nuestra razón estaremos dispuestos o capacitados para batirnos el cobre contra las hordas de la sinrazón. De ahí que no nos vaya a quedar otra que volver al principio y recuperar la no tan ingenua frase de Manuel Vicent, porque, hay que tener la primavera corriéndote por las venas, hay que llenarse el depósito de ilusión para poder afrontar este trecho de la historia que nos va a tocar vivir a partir de ahora.
Y seremos pocos —sí, he escrito «seremos», porque yo también espero tener el valor, la fuerza y la ilusión en el corazón para formar parte de esa avanzadilla—, pero si queremos alcanzar el éxito, cuanto menos en el contagio de la esperanza a nuestros prójimos menos decididos, habremos de actuar con determinada precisión. En esta guerra nos va la vida, o al menos la vida que imaginamos vivir, por lo que no nos bastarán cuatro escaramuzas de guerrilla urbana, si queremos ser eficaces. Habrá que ser decididos, contundentes y, antes que nada, valientes. 
Es de esperar que, en los momentos más difíciles, cuando más ruido hagan amparados en la fuerza de su multitud sin cabeza y sin juicio, cuando más nos empujen hacia el precipicio, más nos temblará el pulso y más miedo tendremos, porque el miedo y las dudas que este provoca forman parte de la ecuación del valor que se necesita para emprender esta guerra. 
Ha llegado el momento de luchar cuerpo a cuerpo con toda la razón y con todas las ganas, antes de que sea tarde y volvamos a darnos garrotazos como en el cuadro de Goya. Porque no podemos resignarnos a que nos ocurra aquello que cantaban Pata Negra —un homenaje desde aquí al malogrado Rafael Amador— en la famosa sevillana de Romero Sanjuan que ellos transformaron en unas «bluslerías». Tenemos que rebelarnos para que no nos pase la vida como lo hace el río en busca del mar; para que no caminemos indiferentes donde la corriente nos quiera llevar.


 

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