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"Nos encontramos en ese tiempo inmediatamente anterior a que la humanidad termine de generar su propia resistencia inmunitaria a toda clase de barbaridades. |
2026-02-08
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Como un extranjero

Cada día que paso en este mundo de locos, estoy más convencido de que podrán ocurrirnos guerras, pandemias, todos los apocalipsis imaginados o por imaginar, pero, a pesar de todas las desgracias y calamidades que a su paso arrastren estas circunstancias, las ratas, las cucarachas y los humanos siempre tendrán una especie de habilidad innata para caer de pie. Bueno, parece ser que, en el caso de las cucarachas, estas son capaces de sobrevivir incluso cayendo panza arriba.
No alcanzo a imaginar qué mutación de la rata común, la rattus norvegicus, o de esa cucaracha grande y roja, la periplaneta americana, o aquella otra pequeña y rubia, la blattella germanica, puede llegar tan pancha hasta el día del juicio final. Pero no me cabe la menor duda de que el homo sapiens definitivo está muy cerca a esta aberración moral que encarnamos como especie en la actualidad. Es más, pondría la mano en el fuego para afirmar que estamos a dos trasgresiones más del Derecho Internacional por parte del gorila de pelo naranja (¿o es plateado? No sé, todo depende del día o de cómo incida la luz solar en su cabello) que dirige los designios de ese otrora gran país llamado Estados Unidos de América. Me jugaría incluso el dedo meñique de mi mano derecha, puesto que la izquierda la necesito íntegra, si es que quiero seguir poniendo acordes en mi guitarra, aunque sea para emular a Sócrates cuando el día anterior a ser ejecutado pidió aprender aquella canción que su compañero de celda estaba tocando a la flauta.
Las casi nulas reacciones que los dirigentes del resto de países, principalmente los europeos, están teniendo ante las tropelías —a cada cual más disparatada— de Trump, son una señal inequívoca de que nos encontramos en ese tiempo inmediatamente anterior a que la humanidad termine de generar su propia resistencia inmunitaria a toda clase de barbaridades. Porque no, no está solo el amigo Donald en esta carrera de la inmoralidad. Sin ir más lejos, tenemos en España unos cuantos acólitos suyos haciendo méritos ante papá bocazas. No hay más que ver la rasgadura de vestiduras sufridas por parte de las derechas carpetovetónicas ante el anuncio de regularización de 500.000 inmigrantes ilegales que ha hecho el gobierno de coalición, ante lo cual, al españolito común (descendiente de emigrantes, cuando no de exiliados) se le pone negra la sangre con los que vienen de fuera «a quitarnos los trabajos y a imponernos sus costumbres».
Mientras tanto, los pocos que todavía parecemos no habernos inmunizado ante la barbarie dominante, sentimos que, como en aquella canción que Los Coyotes cantaban en los ochenta, esa mayoría de la degeneración ya nos trata —también— como un extranjero. Y eso, debería empezar a preocuparnos.


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