"Es un golpe en nuestras partes más a la izquierda, incluso en nuestras entrañas humanistas

2026-05-31

Días malos

Que no te engañe esta luminosidad, este mediodía de verano anticipado. Intuyes que su hiriente anomalía, esa misma que nos está quemando las córneas poco a poco, no hace más que azuzar con su fuego la hoguera de las malas noticias, y que por mucho que te empeñes en acondicionar tu cuerpo y tu mente dentro de una burbuja, a modo de limbo forrado de asepsia, con un hilo musical de ruido blanco de fondo y lejos de las luchas de los hombres, son días malos para todos, incluso para nuestros enemigos, aunque ahora suspiren mientras se creen a salvo.

Es un golpe en nuestras partes más a la izquierda, incluso en nuestras entrañas humanistas, en la línea misma de flotación del relato que hemos construido durante todos estos años tanto militantes como simpatizantes de las fuerzas progresistas de este país. «Es una mierda», como dice Gabriel Rufián; una mierda sí o sí, porque el mal ya está hecho, sea o no verdad todo lo que se está cociendo sobre la imputación de Zapatero. Ahí está Aznar, convencido de que su prietas las filas al grito de «¡el que pueda hacer que haga!» ha calado hasta el punto de haber penetrado las murallas de la España que los otros, los de este lado, defendemos. Es más, incluso ha conseguido que su viejo enemigo, el ínclito Felipe González, se haya constituido en ariete con el que reventar nuestras defensas.
Me siento como en esa canción de La Niña Polaca: como si me hubieran echado de Madrid, una ciudad cada día más distópica, en un aparte que poco tiene que ver con el resto de España, mientras mi mente parece haberse quedado respirando el aire de la sierra en mi Mágina natal; como si «el equilibrio entre el progreso y la cabeza» se hubiera roto. Porque es ahora cuando viene la guerra, cuando tenemos que «cantar himnos por todas aquellas vidas que estudiamos en el cole que luego fueron mentira».

Estoy con Pablo Iglesias en que ellos han decidido motu proprio romper la baraja del consenso, traspasar las líneas rojas que a izquierda y a derecha se fijaron en la transición, y se han dejado embaucar por las miserias ideológicas y populista de la ultraderecha. Solo nos queda luchar por la regeneración democrática mediante la defensa un nuevo proceso constituyente sin hacernos trampas ni privilegiar a nadie por encima de nadie. Tal vez la búsqueda de todo esto —¿quién sabe?— si no debiera desembocar en una tercera república, porque «¿dónde coño está la ONU cuando más la necesitas?»


 

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