![]() |
"Las tipas y tipos de izquierdas siempre vamos a tener un detalle —una apreciación, una palabra, un simple gesto— que nos delate. |
2026-06-14
![]()
Borrar la ‘in’ de la justicia

Lo dijo Françoise Sagan en alguna ocasión, que la diferencia entre un individuo de derechas y otro de izquierdas reside en la percepción que ambos tengan sobre la injusticia; aunque nadie cuestiona su existencia, para el de derechas se trata de algo «inevitable», mientras que para el de izquierdas la desigualdad que esta provoca entre personas de diferente condición, raza o sexo es «insoportable». Solo por este matiz de apreciación, aunque ninguno de los dos sujetos a examen haga nada por solucionarlo, ni siquiera una pequeña de las innumerables injusticias que existen en este mundo, el sujeto de izquierdas siempre sentirá una quemazón en el estómago provocada por el cargo de conciencia.
Tachadme de ingenuo, pero estoy convencido de que, incluso imbuidos en el más absoluto de los egocentrismos individualistas, las tipas y tipos de izquierdas siempre vamos a tener un detalle —una apreciación, una palabra, un simple gesto— que nos delate y que, en mayor o menor proporción, incline la balanza para ir desgastando el prefijo «in» de la clave de bóveda del humanismo: la justicia.
Es fácil reconocernos: esa señora que ayer en el parque, tras recoger la caca de su perro, recogió la de otros tres cuyos amos dejaron abandonadas en el césped; ese anciano que se interesa por la trayectoria vital y las causas que le llevaron a emigrar a la chica ecuatoriana de la asistencia domiciliaria que atiende sus impedimentos físicos; los políticos de esos partidos que luchan en los parlamentos regionales o en el nacional por hacer leyes y reglamentos, y, por supuesto, por aprobar los consiguientes presupuestos que palíen las deficiencias asistenciales de las personas dependientes; y todavía más, los discursos de los papas que se dejan de zarandajas y, sin alzar la voz lo más mínimo, reivindican con claridad meridiana la vocación europea y española —evocando aquella Córdoba de Maimónides y Averroes— de apreciar la complejidad, escapando de las narrativas divisivas para sostener el derecho internacional y el multilateralismo.
Todo suma en mayor o menor medida para borrar esa «in» de delante de la justicia; porque es la «in» de lo incomprensible en el ser humano; la «in» de lo incalificable en la conducta social dominante; la «in» de lo inútil, de lo incapacitante, de lo inmoral.
Y es así, repartiéndonos el trabajo entre miles, millones de individuos, cómo la justicia social puede avanzar. Sin esperar mucho, ni siquiera de quienes estén al frente de organismos o de instituciones. Sería, aparte de abrumador, precisamente injusto, arrearles lo más arduo de esa tarea, como le ocurrió a un joven Dylan de 22 años al que le otorgaron el Premio Tom Paine por su contribución a la justicia social, y que meses después escribiría «My back pages», reivindicando la visión propia y particular de sus canciones «sin temor a convertirme en mi enemigo en el instante en que predico».


Para dar tú opinión tienes que estar registrado.