"Confieso que he experimentado con la IA cuando las versiones beta se alimentaban de ingenuos indagadores como yo.

2026-08-23

Cliché

Tiempos nuevos, tiempos salvajes, decía el gran e ilegal Jorge Martínez en uno de sus primeros éxitos, aunque yo recomponga para mi artículo la frase por un «tiempos nuevos: lo mismo de siempre». Tiempos nuevos, tiempos de la IA, de una salvaje e incontrolada —al parecer— sustitución de la creación humana por una artificialidad made in man mind, que, como en una buena película de ciencia ficción, se le empieza a escapar de las manos.

Confieso que he experimentado con ella, digamos en modo aficionado, y cuando las versiones beta se alimentaban de todos los ensayos/errores de ingenuos indagadores como yo, que soy un Juan Palomo que pretendo comerme todo a medio guisar. Pero a estas alturas de la artificialidad de la inteligencia, ahora que hay verdaderos expertos en manejarse con esta diabólica herramienta, este pichoncillo se abstiene voluntariamente de utilizar estas armas más allá de artificios de fogueo, no vaya a escaparse algún disparo, y acabar con el culo lleno de perdigones.

Pero he aquí mi cuaderno de campo al respecto. Primero, lo hice con una creación musical. Tenía una letra a la que no terminaba de encontrarle música y le pedí que me ayudara con una melodía blusera, antigua, de los pantanos de Luisiana al ser posible (sí, reconozco que me pongo muy pedante hablando con ella… porque… ¿es ella, o es él?) Así lo hizo, y, a pesar de sus defectos, me encantó, o precisamente por esa imperfección de lo que andaba aún en pruebas. Después, le tocó a la escritura. No le dije que me escribiera un artículo o un relato, pero sí que le supliqué a mi modo que me ofreciera posibilidades argumentales ante un atasco, una sequía de inspiración. Y aquí, ya no me convenció. Aquí se le vio el cartón y empezó a transitar por lugares comunes, por caminos recorridos por otros como yo una y otra vez, para matar a cañonazos uno de los ingredientes que han de estar sí o sí en la magia de la escritura creativa: la sorpresa; el giro magistral de una idea proveniente de la mente humana y no de un algoritmo, que nos haga quedar con cara de tontos y un palmo de narices ante un final inesperado y sorprendente.

Quién sabe si como en aquella canción de Buggles esa cosa de IA se empiece a llevar la fama de las novelas, de los cuadros, de las sinfonías… rehechos a puro cliché por la máquina, por las nuevas tecnologías, las cuales han venido definitivamente a romperte el corazón.


 

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