"Alerta de espóiler: hay un modelo de ciudad posible para que Jaén renazca y tenga futuro, y no se parece, ni de lejos, al que el equipo de gobierno del PSOE y JMM nos encaminan;

2026-02-08

“Jaén. Todo al norte (I)”

Antes de que comenzara el año que ya va por su segundo mes, el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Jaén afirmaba que 2026 iba a ser el año clave para la transformación de la ciudad. Uno de los elementos llamados a sustentar ese “nuevo destino” para nuestros vecinos sería el Plan General Ordenación Municipal, el planeamiento urbanístico de la ciudad cuya aprobación se prevé para antes del verano. 


Como ya vamos acostumbrándonos a declaraciones grandilocuentes de los “timoneles” de un barco a la deriva, parece interesante examinar el avance del documento para ver en qué medida la promesa se ajusta a los hechos. Alerta de espóiler: hay un modelo de ciudad posible para que Jaén renazca y tenga futuro, y no se parece, ni de lejos, al que el equipo de gobierno del PSOE y JMM nos encaminan; este último, se caracteriza más por un empecinado continuismo que por algo que se asemeje a la idea de transformación. Esto así, conviene señalar las notas fundamentales del planeamiento urbanístico de Jaén en las décadas anteriores para, después, vislumbrar qué hay de “nuevo”. Esta columna se dedica a la primera tarea.


En una reciente entrevista en La Cachucha, Miguel Quesada sostenía que, antes que justificarse por un aumento de la población o de la actividad económica y productiva, el crecimiento urbano de Jaén, en las últimas décadas, ha venido sirviendo a intereses (financieros e inmobiliarios) distintos a los de los vecinos y vecinas. Así pues, en su desarrollo, se ha ido impulsando una ciudad “a dos velocidades”, una dinámica de desigualdad entre zonas de la ciudad que ha condenado a muchos barrios a un deterioro creciente (y, aparentemente, imparable) y a la desarticulación de la ciudad histórica.


Para entender las dimensiones de este persistente desajuste entre los planeamientos urbanísticos anteriores y las necesidades reales de la población jiennense, conviene recordar que, entre 1991 y 2011, se construyó vivienda para dar “respuesta” a un crecimiento de la población estimado en el doble del que realmente se produjo.

 
Se puede suponer que la diferencia, más que a un inesperado error de cálculo, se debió a un interés especulativo que (siendo esto, seguramente, igual de previsible), desencadenó un desplazamiento de la población más joven hacia la zona de expansión, quedando miles de viviendas vacías en la ciudad histórica y tradicional. Muchas de ellas, se encuentran hoy en pésimo estado de conservación, suponiendo un problema añadido para los vecinos y vecinas que habitan estos barrios y soportan la condición de víctimas de esta gran desigualdad.


En los textos del nuevo plan, del que conocemos el avance, se emplean conceptos como “rehabilitación”, “generación de áreas degradadas” o “acceso a una vivienda digna”, pero cuando pasamos de las bellas palabras a las propuestas concretas que se presentan y que ya se han decidido por encima de la voluntad popular, se constata algo más que una incoherencia. En la próxima columna, abordaremos la cuestión de lo que se propone para los próximos años.


 

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