"Y yo sabía que esto iba a pasar en algún momento.

2026-07-18

Celos

Los celos son muy malos. Y la mujer de mi manicurista es celosa. Se descompone y se ve a la legua por mucho que lleve siempre una mascarilla puesta: le cambia el gesto en cuanto llego y a su marido se le hacen los ojos chiribitas. Sin ser yo sospechosa de ser racista, solo he conocido a un chino que me entrara por los ojos, y no es el que me arregla las uñas. El otro era un tío guapo al que le mataban los dientes, no en sentido literal, si no, ya estaría frito, tenía los piños de un color verdoso, que igual no era por falta de higiene bucal sino porque cada uno tiene la dentina que le sale de los genes, y eso le restaba atractivo, y decir que estaba más guapo callado suena un poquito a discurso de VOX, y a mí esos me hacen menos gracia aun que los chinos con los dientes verdes. Ojalá pronto VOX vuelva a ser solo el nombre de un diccionario, y no las siglas de un partido cuya existencia me provoca la náusea, pero sí, estaba más guapo callado.

Al turrón: la mujer de mi chino me la tenía jurada hace tiempo, esas cosas se notan.  Habla rápido —y en un tono que me sugiere arenga— y sé que le está poniendo a caldo por la rabia que le asoma por los ojos, y es entonces cuando mi chino —que es el suyo— baja la cabeza como cuando una madre regaña a un chiquillo. Se creerá la muy china que como hablan chino no pillo una, y ahí no se equivoca, pero al igual que el amor es un lenguaje universal, el odio se percibe con la misma claridad, aunque se exprese en mandarín, y en la manera en la que ella me lima las uñas. Es la primera vez en años que se me salta el esmalte al día siguiente de hacerme la permanente. Y yo sabía que esto iba a pasar en algún momento.

Fue su manera de vengarse, de joder la alegría en la casa del pobre que supone algo tan simple como que un señor se quede eclipsado con una señora, sin que haya indicio alguno de que esa atracción física pueda ir a más. Yo no elijo quién me atiende, aunque siempre es él quien lo hace. Y no me cobra los dos euretes que cobra a todo el mundo por retirar el esmalte anterior. Y en ese contacto de manos que supone limar las uñas, esmaltarlas o retirar las cutículas, yo ya había percibido un extra de delicadeza, como si fuera una especie de ritual de cortejo silencioso, cargado de simbología. La pareja lleva más de veinte años viviendo en España, lo sé porque me lo ha contado él. Y que tiene ganas de cerrar el negocio y dedicarse a otra cosa. Y que se quieren ir a vivir a Málaga, donde ya estuvieron viviendo al principio de llegar a España, pero de momento —hay que seguí tabajando con uña, Málaga muy muy calo ahola— y que tienen una chiquilla de la edad del mío, fíjate si mi chino habla y entiende el castellano, y sin embargo cuando ella no está en la cabina haciendo tintes de cejas y esas cosas, y sale, me retiran la palabra, ella vocea, él agacha la cabeza y yo, miro y remiro las hileras de uñas de plástico pintadas, simulando que estoy eligiendo tono cuando de sobra sé que será el mismo de casi siempre. Rojo.


 

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