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2026-02-14
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Benito, hijo de Benito

Que el amor es lo único más fuerte que el odio no es una frase que se haya inventado Benito, hijo de Benito, mundialmente conocido como Bad Bunny, el conejito malo que le soltó una hostia sin guantes al tonto a las tres con nombre de pato, a sus bizarros del ICE y a todo lo que destila facherío en USA, y por extensión y alusiones, a todos los lugares del mundo en los que —medallitas aparte— se replica o se pretende calcar ese comportamiento execrable e inhumano al que llaman neoliberalismo. Nunca un lexema estuvo tan prostituido.
Benito, hijo de Benito, hizo lo contrario. Sin pestañear. Con esa forma que tiene de cantar como si al hacerlo estuviera embaulándose una papa arrugá con mojo picón, en el espacio televisivo con mayor audiencia en el mundo mundial. Como era de esperar, al rubio de bote le sentó como una patada en el trasero su intervención en el descanso de la Super Bowl y echó sapos y culebras por la boca, lo de siempre, y es que no se puede vomitar nada que no se tenga dentro, comemierda.
Lo de Benito, hijo de Benito, es de admirar. Porque, sin que apenas se le entienda, ha conseguido transmitir con más actitud que dicción, un mensaje claro, meridiano y necesario, como si fuera un chaval de Valladolid, por aquello de la excelencia en la pronunciación del castellano que se atribuye a los de Pucela. Y con camiseta de Zara, y con regalo incluido a la plantilla de la sucursal del imperio textil en Arteixo, ¿cómo te quedas, Mari? Sin entradas, así me quedé yo cuando salieron a la venta hace ya algunos meses. Pero esa es otra historia.
Benito, hijo de Benito, tiene lo suyo, y entre lo que se ve y lo que se le intuye, me tiene robado el corazón. Como Pascal, su amiguito Pedro salsero y reivindicativo que no dejó de bailar y mostrar rechazo al trumpismo en pro de las libertades que se están viendo seriamente amenazadas, mermadas o comprometidas allá donde quiera que haya un ser despreciable con más o menos poder. ¡Cómo me pone la gente con alma!
Cuando me siento desalentada por la situación que estamos viendo a lo lejos y empezando a vivir de cerca, pienso en todos los Benitos dispuestos a afrontar la guerra desde el amor, a luchar contra la manipulación desde la integridad y a seguir enterrando semillas de poesía en el fango de los discursos de odio. Ese es el lado en el que estoy. Quienes corrompen la justicia son quienes tienen miedo a la verdad, por eso intentan taparla con un dedo como si fuera un sol de media tarde. Qué pena y qué asco me da que se haya puesto de moda ser mala persona.
También existe la poesía libre que no requiere de métrica o de palabras, esa que vimos a través de la pantalla, de una imagen tras otra, durante los trece minutos en los que el conejito malo trasmutó en algo simple, visceral, humano y directo al corazón, ese culto peligroso de ensalzar la violencia, la discriminación, la maldad o la mentira, que parecen haberse impuesto en esta humanidad sin escrúpulos. Y por eso, Benito hijo de Benito, te amo con la fuerza de los mares.


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