![]() |
"No se logró, sin embargo, el Rayo no ha perdido. |
2026-06-06
![]()
Anatomía de un latido

Tengo una borrachera encima que no te haces una idea. No sé si es lo más apropiado escribir así, en este estado de embriaguez que acentúa las emociones, pero es ahora cuando quiero hacerlo, por si alguna vez me da por recordar lo que se siente un segundo antes de llegar al coma etílico. Y sin probar una gota de alcohol. Ahora me entenderán.
Hemos vivido en el barrio, en mi barrio, la previa más larga de la historia, porque desde que el Rayo aseguró plaza para la final de la Conference League germinó en las aceras la flor de un sueño impensable. Por unos días las redes, los medios y la prensa han puesto el foco en la afición rayista como catalizador de los valores de un barrio, como si esto fuera algo nuevo. No, no lo es. Siempre hemos sido un barrio obrero, reivindicativo, marginado, entusiasta, solidario, subversivo.
No tiene ningún valor que al alcalde de Madrid se le haya llenado la boca delante de las cámaras estos días hablando de la gesta del equipo y de la admirable pasión de la afición y de los vecinos cuando ni ha venido nunca por aquí, ni se le espera. El barrio más grande de Europa probablemente también sea el más olvidado por las instituciones, y eso, tampoco es nuevo. No hay más que transitar sus calles para darse cuenta de que los servicios municipales llegan con cuentagotas. También a eso estamos acostumbrados: papeleras desbordadas, contenedores a rebosar, mobiliario urbano insuficiente y deteriorado y así un largo etcétera. Aunque pareciera que reporteros, comentaristas y presentadores hubieran descubierto de repente que existimos y que somos gente corriente. Y que hemos vivido con alegría y orgullo estos días acariciando el sueño de alzar la copa de una final europea.
No se logró, sin embargo, el Rayo no ha perdido. Porque nunca se pierde cuando se hacen las cosas con el corazón. Desde fuera puede llamar mucho la atención que ninguno de los aficionados desplazados a Leipzig portara una bandera de España, o que nada más terminar el partido extendieran una pancarta de sesenta metros en la que se leía “No conocí mayor victoria que contigo una derrota”. Porque somos más de dar que de recibir y en ese momento no había espacio para el reproche, sino para el abrazo. Algunos miembros del equipo se irán, pero cada uno de ellos se llevará el respeto y la gratitud de haber sido parte de un sueño.
De los momentos que recordaré de cuando Europa se enamoró de Vallecas está el de Augusto Batalla sentado llamando la atención de los técnicos para que pausaran el encuentro en cuanto se percató de que un aficionado del Rayo necesitaba atención médica, las lágrimas de Isi, la ternura de Íñigo Pérez o el estruendo de la turba rayista arrasando en las calles con su peculiar “Dale, dale, dale Rayo”.
La borrachera de la que hablaba al principio iba de eso, de las emociones que produce la sinergia entre un equipo, un barrio y una afición, y de cómo por unos días, ese pulso late al unísono y el eco se queda grabado para siempre en la memoria. ¡Puto Rayo!


Para dar tú opinión tienes que estar registrado.