"Conviene renovar anhelos y sueños terrenales de juventud en este cálido verano.

2026-06-28

Latidos y afectos

Afirma Fermín Aparicio, su autor, que este libro es un latido que llega desde cincuenta años atrás. Una invitación a recordar. Se presentó este junio, caluroso, en un espacio singular: La Model de Barcelona. Libros, agradecimientos y emociones que han marcado las últimas jornadas del calendario escolar. Institutos y aulas, pedagogía intergeneracional y un alumnado y un profesorado comprometido con la historia y las lecciones robadas. Así estamos.

La dedicatoria, a Elia, y a Patricia, constituye un manifiesto a ese viaje retrospectivo. Cincuenta años no es nada. Lean el capítulo X, suavizado en las aristas. Tuve la fortuna de iniciar su presentación con algunos apuntes. Hoy, componiendo estas notas, víspera de San Juan, y bajo el ruido atronador de sentencias y togas, que se antoja a un golpe blando, he querido añadirlos a esta crónica que no puede ser neutral, como los versos de Gabriel Celaya que aprendimos de Paco Ibáñez. Pálpitos e impulsos de nuestra cultura sentimental. Un inventario musical que ilustra esos tiempos donde todo estaba por hacer.

Fermín se forjó en las reuniones de la Juventud Obrera de Madrid, aparece en alguna foto junto a Nicolás Sartorius en los años 70. Ambos muy jóvenes. Así se templó su compromiso y su militancia con la gente trabajadora de Pegaso, y aquel viaje a París de iniciación. Ahora, nos conduce por una cartografía de silencios, vidas clandestinas, y una larga ristra de prohibiciones. El país en blanco y negro de la dictadura más larga y cruel de Europa. También los sueños adolescentes y nunca resignados. Queríamos cambiar las cosas, cambiar el mundo. El cayado de los afectos no es un refugio nostálgico, es una ilustración de las generaciones que forjaron su identidad y militancia en los barrios, en los institutos, en los centros juveniles, en las quimeras de los besos furtivos. Compromiso e imaginación. No existían las redes digitales. Las octavillas se lanzaban de madrugada. Su impresión y distribución una temeridad. Conviene preservar estos testimonios.

“Somos seres hechos de historias, y quizás por eso, como afirma Arendt, “sin repetir la vida en la imaginación no se puede estar del todo vivo”. He tomado este texto del libro El fin del mundo común. Hannah Arendt y la posverdad  que ha escrito Máriam Martínez-Bascuñan, un mapa útil para guarecernos en estos tiempos inciertos.

Latir es vivir. Los afectos son nutrientes imprescindibles para hacer crecer el árbol de la vida, cuidando el jardín común, frondoso, fraternal, solidario. Militar en la disciplina de la esperanza, como nos enseñó Ángela Davis, también supone reconstruir abrazos y puentes. Con inteligencia e imaginación. Es lo más necesario, lo que no tiene nombre. Como el aire que todos respiramos.

“Se acarician recuerdos y afectos, cosas ya vividas y que, al recordarlas y hablar con ellas, en algún sentido se vuelven a revivir”, concluye Fermín.

Conviene renovar anhelos y sueños terrenales de juventud en este cálido verano.


 

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