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"Poeta por el clima |
2026-06-13

Lola Callejón

La almeriense Lola Callejón Acién es una escritora y educadora cuya obra se centra principalmente en la ecopoesía, el feminismo y la conciencia ambiental. Su bibliografía abarca desde poemarios emocionales sobre el territorio hasta unidades didácticas sobre medio ambiente, además d algunos ensayos. Sus obras poéticas destacan por una profunda conexión con el paisaje y la memoria del sur peninsular.
Ha participado en diferentes encuentros y recitales poéticos, entre ellos Voces del Extremo.
Es licenciada en Ciencias Biológicas, Máster en Educación Ambiental y Desarrollo Sostenible y Especialista Universitaria en Educación Ambiental y Globalización. Ha desarrollado su actividad docente en Granada y también ha sido sindicalista.
Sus poemarios publicados: El tiempo como prueba (2016), Tinta verde (2017), El porvenir (2022) Casandra imparable (2024) y Azogues (2025), galardonado este último con el Premio IX Festival de Poesía Visual de Berja.
Esto dice Lola sobre su propia poesía:
Analizando mis propios poemas con una retrospectiva y cierta perspectiva temporal, encuentro dos temas que están presentes, como una línea que une estos tres poemarios: el deseo y el vínculo con la naturaleza, siempre desde una perspectiva de mujer. Puedo definirlos como conceptos universales, aunque en cada poemario toman forma concreta y se acoplan al tema central o características del mismo.
Y esto, lo que dice sobe la poesía en general:
En primer lugar: es difícil definir qué es la poesía. Para mí, la poesía tiene mucho de inconsciente al desnudo, por eso entiendo que debe de estar viva y establecer simbologías o percepciones. La persona que escribe muestra su conmoción y los límites. La persona que lee completa significados.
En segundo lugar, la poesía permite puentes entre lo individual y el contexto social. Invita a la reflexión personal y a una postura crítica hecha en libertad. En la Educación Ambiental e Interpretación del Patrimonio, especialidad que imparto, se incide en la importancia de llegar al corazón para concienciar -partiendo de la razón-. En la poesía, este binomio –razón/corazón- está presente y cobra mucho sentido cuando la persona que lee pone sus propios significados de forma activa. Por eso, creo absolutamente en el poder de la poesía para crear seres humanos con criterio, lejos del adoctrinamiento capitalista.
En tercer lugar: en base a todo lo anterior, entiendo la poesía como una acción de resistencia y como una compañera de las utopías.
Más cosas podéis conocer de Lola en:
https://www.lolacallejonacien.es/
https://www.facebook.com/p/Lola-Callej%C3%B3n-1288025485/
Y podéis empezar a disfrutar de su poesía con estos textos que os he seleccionado:
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Hormiguero
Una reina oculta marca los ritmos de la vida. Tres mil bajo la sombra de bocinas sin rostro… Movimientos perfectos.
Coso sin respirar, tejo deprisa, encajo conexiones en vuestra conversación y microchips rebosantes de veneno. Tiño tu apariencia y la de nuestros ríos, sueldo su fotografía, pego cientos de etiquetas que os acompañarán día a día, ignoradas en bolsos con estilo. Un hilo de tinte tóxico pegado a mis pulmones, que son el dobladillo de tu pantalón última moda.
Tienes y compras. Perfectas obreras te persiguen.
Maquinaria puesta a punto para cortar existencias, los sueldos del hormiguero, la vida. Un enjambre de hormigas funcionando bajo el toque de megáfonos sordos. Impecables asalariadas del “todo a cien” junto a tu casa.
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Comprendiendo a Deméter
Deméter ha detenido el crecimiento de las plantas. Frutas sin madurar permanecen sobre las ramas. Con uñas, sin afilar, quita su piel a girones. Este comportamiento ha sido descifrado: los ciclos deben restaurarse, ser liberados de la influencia antrópica, antes de que múltiples epidermis se agrieten para siempre y dos grados más derritan la tierra.
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Nido de esparto
Sobre un nido de esparto habitan huevos partidos, señal certera de aves que comieron grano perfumado con pesticidas. Ningún conejo ni paloma saldrán de la chistera tenida de añil. Debes contar los relatos, desvelar los misterios escondidos del sangrante planeta. Ocultas parecen las certezas, escucha cómo acechan todos los biorritmos de Gea, que ya te pertenecen, esperando, agazapados, a que bebas el gran cóctel de miel y los nombres, uno por uno, en la prensa.
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Últimas conclusiones
Desde este mismo instante os digo: “Una conciencia planetaria debe atravesar el globo, equidad para subsistir como especie, visión fraternal teñida de filantropía. La lista de adhesiones queda abierta. Se actualizarán los apoyos todos los días que nazca una especie, todos los días que sean liberadas varias víctimas del capital ascendente, cada minuto que se reajuste el sistema sexo-género y nos libre de la feminización de la pobreza, y cada soplo de libertad compartida entre iguales”.
En este instante se abre otro planeta: Casandra imparable, vigente, subversiva, dispuesta a la vendetta (justa) en todos sus actos, dispuesta a la reconciliación con ciertos mitos revisados, transgredidos colectivamente.
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Los sintientes
Aquí os presento mi mano sin brazo, no protegerá ninguna cría. Suelta, floja…, entre movimientos compulsivos a la deriva de neuronas que perdieron su gran delicadeza. Suavidad cortada por mis iguales y una cuchilla. Aquí está este dolor cuasi humano en las extremidades, esta tristeza de mirada ciega. Contrabando de mercancías sin código de barras. Mi mano junto a colmillos agolpados entre cuernos solos, unicornios que lloran. Marfil blanco en vagón negro, transportando un trozo de África hasta tu casa. ¿Qué hace mi pena en un lugar de moda? Llamo a la puerta. Con la otra mano pulso tu timbre: ¿dónde están los derechos de los sufrientes? Pregúntate por la humanidad de nosotros, los primates del safari, por la indefensión de mamá rinoceronte ya sin cuerno, por la inteligencia de los escasos elefantes en tus fotos. Luego, tras la siesta interrumpida, revisa los amuletos del verano.
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Nunca más
Ni Gorgonas con cabellos deformes de serpientes contrayéndose, ni sirenas embaucadoras de marinos, ni Pandoras malignas, ni Heras sufrientes, fieles. Atenea abandona su arquetipo de intelectual asexuada. Afrodita deja su imagen de objeto frívolo y veleidoso de deseo.
Seres completos, sin límites. Así vagaremos. He aquí nuestra conclusión: ¡Ya basta!
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Interrogante Según varios estudios: “El calentamiento global podría liberar microorganismos atrapados en los hielos que portan enfermedades ocultas”.
Aún no sé para quién será mi último recuerdo. Quizás desfilará por la pantalla la imagen de los terminales hielos, los secretos de un glaciar que se derrite y deja en libertad nuestra condena como especie. Microorganismos, que a los neandertales de frente miraron, caminan ahora a lomos de una foca ingenua, hasta los límites del mar donde te bañas y rememoras tus recuerdos de filogenia, de especie, de desarrollo evolutivo.
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Tinta verde
Penetrar la selva posee significado simbólico, como una alegoría de los sentidos. Quiero invitarte. Rebozar nuestro espíritu salvando apenas una mácula en la topografía. Incitarte con tristeza, antes de que la mancha sea invisible al actualizar el mapa y tengamos que pintar con tinta verde ese hueco.
Observo tu interior. Una chincheta roja atraviesa la pared del planisferio. Despliego la carta de tu hidrografía. Peligro crítico, me dices. Ante nuestros ojos se esfuma una gran extensión del trazado. Sistema de roza y quema fragmentando tierras. Época colonial, me dices.
Época colonial mientras se tala tu árbol preferido, se siembra palma aceitera, de las entrañas se arranca oro, diamante puro –como tu interior- o bauxita. Comercio de minerales y otras especies, me dices.
Angustia en tu mirada. Se nos acaba la tinta verde. El hueco a rellenar es muy grande porque el síndrome de “bosque vacío” progresa. Caza ilegal entre gente desesperada. Señalas el punto que se mueve, entre coordenadas aparece ese gorila enfermo, buscando refugio en un bosque inexistente. Corre huyendo del coltán que trae humanos a nuestro atlas, humanos que ocultan niños en galerías, rifles que vigilan caobas mordiendo el polvo y domestican hipopótamos pigmeos.
No tenemos tinta verde para vivir esta alegoría de los sentidos, ingenuo idilio. Una carrera contra el tiempo. Tinta verde para que no desaparezca el planeta. Tinta verde para reconstruir África.
Nos falta tinta verde en el tintero.
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Guaraní
Un Guaraní explora el tiempo convertido en milagro teñido de pulpa, madera-no bosque, ganado sin ocelotes y ranchos inmensos.
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Merienda
He visto moverse la taza, té de las cinco-azúcar de caña-amigos felices. Ha salido un plano marcado. Un punto. El Sur se queda sin matorral esclerófilo para abastecernos de rooibos, cual flor cortada sobre jarrones mustios.
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Segunda predicción: cambio de rumbo
Virar el rumbo. La brújula espera en silencio, su flecha marca el destino, la ecodependencia, el buen camino impopular de la sostenibilidad.
Algo se agita.
El negacionismo se instala entre aislamientos, quiere sesinar al futuro, corteja con insistencia al individualismo, juega con la savia infinita de la vida y su nafrar continuo.
Pero..., algo se agita en la tierra.
Y he aquí cómo surgirá el grito, la conciencia de nuevas relaciones entre especies, la trama, la responsabilidad de habitar la malla viva, la brújula, el rumbo, la aceptación de la interdependencia cuando todo se mueva sutilmente y se agite.
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Mirada inquieta
Una isla como continente.
Solos en este recinto de límites salados, pértigas biológicas hacia el infinito acecháis, turbados por los acontecimientos.
Lémures inquietos. Mirada penetrante escrutando el terreno, buscando nuevas especies, esas que los científicos han descubierto en la última década, más de seiscientos nombres nuevos que vosotros ya conocíais. Mirada colectiva a la pobreza desesperante que os envuelve entre sobrepoblación del medio y agricultura intensa. Miedo, caza furtiva para obtención de carne. Animales silvestres extinguidos. Como testigo, un amigo del pasado, el pájaro Dodo de la cercana Isla.
Terror en las pupilas, llegan horribles especies, perros, gatos, ratas… Intimidad insular para preguntaros: ¿de dónde vienen? ¿les gustarán mis crías? ¿saquearán los nidos de la mitad de los camaleones del planeta que aquí habitan?
Compasión. Mirada inquieta entre dudas… No cesa la comercialización de madera, las excavaciones no cesan noche y día… La soledad del crepúsculo alberga un interrogante: ¿qué pasará con los baobabs endémicos de esta tierra, esos que polinizan lémures nocturnos, nuestros primos...?
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Pronóstico reservado sobre los recuerdos de una casa
Estabas allí, en el preciso y justo momento de las nostalgias.
Los lugares concretos, las casas, albergan olores, personas que estuvieron sentadas a la mesa, conversaciones de otros tiempos -cuando la derrota-, dignidad sostenida y convicciones, escasez de materia. Tu casa.
Estabas allí, en el preciso momento de las nostalgias, frente a un espejo: palpas esquinas, tocas madera, los primeros roces, labios primeros, teoremas de anatomías al amanecer. Y tiene la casa terrones de azúcar sobre espejos oblicuos, miel derramada sobre un reloj de pared. Y el tiempo se para. En punto la hora. Una herencia heredada, sin dinero, la casa.
Alberga la casa olores de patio, colores de amigos, vínculos sin descifrar.
Allí estabas, analizando ciclos vitales,
insectos de la madera, simbiosis y líquenes maltrechos, identidades que no te definan.
Y sigues allí, contando raíces profundas que ocultan el paso del tiempo.
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Leve conclusión
La tierra sangra tinta verde reduciendo su tamaño, como si un aullido gutural se perdiera, poco a poco, en el universo.
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Alarmismo en el pronóstico
Desde las altas cumbres observas el mundo bajo siglos de paciencia. En tu libreta de predicciones registras diálogos de conversaciones, ecos procedentes de cuatro rocas calizas, pulsaciones oníricas del espacio curvo, polarizadas ondas inusuales.
Has visto y descifrado cien mensajes en múltiples idiomas de la tierra. Un atún rojo dejó SOS escrito en la espuma del agua, lo vieron los corales blanqueados que apenas respiran sobre lechos marinos, cambiantes sin remedio.
El lenguaje visual te ha dejado muda y ciega: mil menores usados o vendidos en las redes del planeta. Niñas expuestas, viles anuncios que las usan. Langures tatuados con rojas manchas, litro a litro sangrados por medicinas tradicionales implacables. Oíste, también, una conversación a gritos: leopardos de las nieves rugiendo a tigres de bengala. Todos esperan sus últimos años con amargura invisible. En tu libreta, los presagios se derraman. Voces y diálogos sin voz entre indígenas muy distantes. Inventos diversos de la gris naturaleza: apenas tres horas en arbolados que se incendian, cien años en revertir efectos de la pirotecnia.
Un día tus pronósticos serán discutidos en programas mass-media, crearán opiniones y una empresa, bien pagada, hablará de alarmismo.
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Alzacola Un atardecer en los alrededores de la torre de La Garita (Dalías). Faldas de la Sierra de Gádor.
Esperas a que el silencio de la tarde llegue, baje al trote ladera abajo e invada caminos. Atardece entre chumbos, hay cortijos sin techo, una atalaya andalusí erguida sobre tomillos que huelen, algarrobos aquí y allá, tres granados silvestres.
Hay balates de piedra sujetando paratas. Arriba, te mira imponente la sierra de Gádor.
Un alzacola alza sus caudales plumas en abanico: surge el movimiento, el contorneo, mil bailes sin feria te asaltan. Aparece el cante, los gorjeos aparecen, como pencas se te antojan las guitarras verdes.
No es consciente la fragilidad de su silueta: vendrán tiempos peores y dejará de merodear alhucemillas, iberoafricanismos aún resistentes cuyas flores han perfumado, allá en un cajón, los pañuelos de la memoria. Has muerto de contenida emoción por el encuentro.
Sabes los secretos: el ave atraviesa el Sáhara dos veces al año, sus delicadas plumas se exponen a halcones, sabes que trae un camino pleno de aventuras entre el desierto y el mediterráneo caliente. Sabes de su dependencia ecológica, sabes que le gustan nuestros paisajes, los arbustos, los olivos, agua remansada en manantiales, hierbas sin agroquímicos donde atrapar insectos.
Has muerto de dolor.
El pájaro, al verte entre rocas, ha dicho: —No encuentro ya consuelo, la tierra yace especulada, sucia, herida, ya no es mi territorio, me faltan los refugios, me faltan los artrópodos libres, libres de venenos. Y siguió hablando entre vuelos breves: —Los alzacolas desaparecemos en silencio de los recuerdos, de tu juventud primera (igual que se esfuman los vestigios moriscos).
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Aliteración que se hizo plaga
Eclosión con premura plaga prieta procaces bocas surcando prados pedregales quietos ante langostas deslenguadas lúcidas pasajeras libertinas epidemia migratoria parda peligrosa de enjambres enajenados y tercos turbulentos ciclones sobre las claras aguas del Mar Rojo ciclos y clones hasta el cuerno del África cálida cien kilómetros al día clima, clima y devastación de un gran territorio similar a Dinamarca dudemos por un instante de nuestros destinos pero solo un instante porque nuestras mascotas están a salvo saludando saltonas con salvoconducto a prueba de salpicaduras y saltamontes.
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Reencarnación (a modo de epílogo)
Como almendras que yacen en la rambla, mudas ante los cantos de cigarras, así percibirás la pureza del origen: el fuego en los ripios de plomo, minas ocultas en la sima, uvas que se doran en los racimos, las trébedes acomodadas sobre una lumbre, unas manos que encienden las cenizas, el fuego que dice conjuros y habla.
Igual que el aire limpio del cortijo, que quita cualquier lienzo a la mañana, así abrirás los ojos cada día: podrás diagnosticar señales, rituales de la vida, cloroplastos, pupas que se ocultan bajo las grietas, agua que brota encogida, ocelos de lagarto, adelfas, efedras, tres acebuches, higueras de cien hijos que te miran.
Casandra reencarnada en silencio. Tú serás la que presagie certezas: abisal barranco, temperaturas extremas, los altibajos del antropoceno, el lamento oculto en la gris galena, los trabajos segregados por sexos bajo pámpanos que verdean, del caudal la pérdida, el agua que se para, la galería que entra en el silencio.
Has nacido niña desnuda sobre una roca de Las Béticas y ya eres adivina.
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Segunda predicción: cambio de rumbo Virar el rumbo. La brújula espera en silencio, su flecha marca el destino, la ecodependencia, el buen camino impopular de la sostenibilidad.
Algo se agita.
El negacionismo se instala entre aislamientos, quiere asesinar al futuro, corteja con insistencia al individualismo, juega con la savia infinita de la vida y su nafrar continuo. Pero…, algo se agita en la tierra. Y he aquí cómo surgirá el grito, la conciencia de nuevas relaciones entre especies, la trama, la responsabilidad de habitar la malla viva, la brújula, el rumbo, la aceptación de la interdependencia cuando todo se mueva sutilmente y se agite.
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.Coordenadas de Lambert
En el centro de la catástrofe habitamos con extrañeza sentimientos desnudos: de la coincidencia el milagro, respiraciones que el pecho ensanchan, el placer de atrapar los cuerpos descubiertos, nuevos perfiles, el tanteo que sucede a la curiosidad por sorpresa. ¿Qué nos estaremos perdiendo justo en esta posición tan privilegiada que marcan las coordenadas de Lambert? La humanidad herida no es suficiente para detener la esperanza. Cada vez que mudamos la piel en el recuerdo, sucede el milagro de la construcción de los nidos, tras las migraciones forzosas.
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Brecha
Desde tu extremo al mío existe una brecha, pero nos une la “a”, de género. En tu continente, el nuevo, hay ingresos que hablan a gritos y medias matemáticas con “i” de igualdad perdida en la “a”, de género. Los hombres no indígenas, ni afrodescendientes, tienen un cuatro en el bolsillo para multiplicar su existencia y sus ingresos, pero no a ti, mujer afrodescendiente, con “a” de género, con “n” de niños bajo tu regazo y “e” de etnia no blanca, pisoteada en cada asesinato que no trasciende. Desde tu extremo al mío hay una brecha. “X” de desaparecida en tu expediente.
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Los sintientes
Aquí os presento mi mano sin brazo, no protegerá ninguna cría. Suelta, floja…, entre movimientos compulsivos a la deriva de neuronas que perdieron su gran delicadeza. Suavidad cortada por mis iguales y una cuchilla. Aquí está este dolor cuasi humano en las extremidades, esta tristeza de mirada ciega. Contrabando de mercancías sin código de barras. Mi mano junto a colmillos agolpados entre cuernos solos, unicornios que lloran. Marfil blanco en vagón negro, transportando un trozo de África hasta tu casa. ¿Qué hace mi pena en un lugar de moda? Llamo a la puerta. Con la otra mano pulso tu timbre: ¿dónde están los derechos de los sufrientes? Pregúntate por la humanidad de nosotros, los primates del safari, por la indefensión de mamá rinoceronte ya sin cuerno, por la inteligencia de los escasos elefantes en tus fotos. Luego, tras la siesta interrumpida, revisa los amuletos del verano.
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Grito introductorio
Te ofrezco estas palabras entretejidas al compás del tiempo. Surcan biorritmos latentes, metabolismos de gaia. Hemos roto fronteras en las paredes del aula al visitar ocasos, recorriendo en el mapa más de treinta puntos que bullen. Viajar explorando la vida, lugares calientes, Hotspots que braman y chillan entre continentes de sangre virando al verde. Estas palabras son un grito, nacen guturalmente como aullido de una gran metáfora. Un compromiso entre versos. Un viaje a Ítaca, “hermosa al atardecer”, decía Ulises. Un largo recorrido de la mano de Kavafis. Te ofrezco este Viaje. Tómalo como iniciación y llegada.
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Langur negro de nariz chata (el mono que estornuda en las altas cumbres)
Hoy es un día de nieblas: niebla sobre la lluvia, niebla sobre el Yangtsé y el Mekong, niebla en el buen corazón de la tribu. Cada vez somos menos. Aparezco entre nieblas, mi cabeza entre las rodillas hasta el final de la borrasca. Las altas cumbres ya no nos protegen, nuestros estornudos al descubierto. He perdido mi hábitat: bellos bosques caducifolios, inmensos bosques de coníferas con verdes alfombras de enredaderas en torno al bambú que silba al viento. La ganadería, la caza de mis hermanos, la brutal tala, la recolección de madera, la contaminación y el fuego me persiguen. ¿Dónde esconder mi alma arborícola y terrestre, el carácter altricial de mis crías, la dispersión zoocórica que realizo (un gran favor a la floresta), mi movimiento nómada, mi esencia poligínica que dispersa genes? Guarda tu escopeta, tengo una familia de setenta primos, formamos una banda, podemos rodear tu existencia entre el bambú y las montañas altas (ningún primate subió tan arriba). No vengas a los límites del Himalaya, no vengas a las montañas de Hengduan ni al Tíbet, a Yunnan no vengas: en mendigo de tu basura no quiero convertirme.
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Quejigo Poljé de la Nava de Cabra, alrededores del Picacho. Parque Natural de las Sierras Subbéticas.
Abre sus ramas el quejigo. Te saludan sus dedos expandidos, largos, desnudos frente a la niebla, ágiles con el viento.
Has venido con el olor de la lluvia, en un otoño tardío. Has dialogado con su corteza, sus hojas en el suelo, algunas pegadas a las ramas, quietas.
Es centenario su porte, su lengua muy antigua. Te ha contado secretos, leyendas, el uso de su madera. Dijo conocer los toneles, los mangos de los picos, de las hachas, de las azadas que escarban, una y otra vez, la terra rosa sobre la que se yergue.
En el poljé espera quieto, quieto frente a embestidas: la lluvia que se hace extraña, el clima con caprichos. Te ha contado su miedo: no quiere languidecer y perder la voz para siempre. |


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