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"Los destellos, una serena mirada al pasado. |
2026-06-14
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Los destellos

Aunque existe el pensamiento clásico que defiende que la vida solo es el presente y el futuro que nos queda y que es preferible olvidar nuestro pasado, también persiste la corriente filosófica que sostiene que todo lo que somos, es el resultado de las cosas que nos han pasado. Y precisamente esto último es lo que nos plantea Pilar Palomero en su tercer largometraje. La cineasta maña reflexiona sobre esos destellos de vivencias que permanecen en nuestra vida y que no son, sino experiencias y recuerdos del pasado. Tras Las niñas (2020), una exploración del mundo de la infancia y La maternal (2022), una inmersión en la adolescencia marginal, con Los destellos (2024), Palomero cierra el círculo, mostrando la duda y la confusión de una mujer adulta. Basada en el relato corto Un corazón demasiado grande de la escritora Eider Rodríguez, Los destellos es de esas películas que demuestran, una vez más, que el buen cine no está reñido con las historias intimistas en las que no ocurren grandes cosas, pero las que ocurren son quizá las más importantes. Estamos ante una historia dura, triste, pero al mismo tiempo esperanzadora, una película de largos y casi agobiantes silencios que discurre lentamente por la pantalla. Una lentitud que, al contrario de provocar aburrimiento, produce una extraña sensación de paz. Palomero utiliza ese lenguaje visual que le caracteriza con primeros y pausados planos que persiguen hasta el último gesto de los personajes. Escenas de habitaciones oscuras, como una metáfora de la tristeza de la vida, que acaban llenas de luz, como cuando se abre una ventana. Miradas y gestos que dejan entrever sucesos pasados, que intuimos dejaron heridas, pero que con el paso del tiempo ya no son tan profundas. Maravillosa la escena en la que la hija Madalen lee a su padre un fragmento de Platero y yo: Platero, ¿verdad que tú nos ves? Sí, tú nos ves y yo oigo, endulzando todo el valle de las viñas, tu tierno rebuzno lastimero. Es la paz que puede permanecer hasta después de la muerte.
Un pequeño grupo de actrices y actores, que son todo un lujo, dan vida a esta historia. Asombroso Antonio de la Torre, como el padre enfermo, en una de las mejores interpretaciones de su carrera. Extraordinaria Patricia López Arnáiz, con un impresionante registro de miradas y gestos que se adueñan poderosamente de la pantalla. Buen trabajo, derrochando naturalidad, de Marina Guerola, como la hija Madalen que se convierte en el verdadero hilo conductor de la historia. Y, por último, Julián López, como el testigo silencioso, en una actuación que se aparta de su tradicional registro cómico.
Los destellos, una película que aborda el dolor de las despedidas.
DESTACADO: Los destellos, una serena mirada al pasado.


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