"en este país han sido ilegalizadas organizaciones políticas del campo de la izquierda

2026-03-22

Ilegalizar el fascismo

La cualidad que le faltaba reunir a Vox para ser un partido político cien por cien fascista es la de tener un dirigente —a Abascal lo de líder le viene muy, muy grande—, único, absoluto e incompatible con una dirigencia plural. Ni la España franquista, ni la Italia de Mussolini, ni la Alemania nazi lo hubieran sido de haber contado con una dirección coral, es decir, seguramente no habrían sido regímenes totalmente fascistas de no haber contado con un único líder. Y eso, precisamente, es lo que está ocurriendo en Vox, un partido político que debió ser ilegalizado hace mucho tiempo, prácticamente desde su creación financieramente amamantada de forma ilegal por la organización política Consejo Nacional de la Resistencia en Irán (CNRI), organización considerada como terrorista hasta el año 2012 y que amablemente cedió un millón de euros a Vox en la campaña de las elecciones europeas de 2014, pero que con la judicatura que tenemos en este país de todos los demonios ya es un triunfo que no nos ilegalicen a l@s demócratas, y ya no digamos a l@s comunistas.


Las purgas de los y las dirigentes territoriales de Vox por parte de Santiago Abascal es la prueba del nueve de que estamos ante una organización política marcadamente fascista no solo en lo externo, es decir, en su programa, su discurso y su ideario políticos de corte abiertamente antidemocrático, sino también en lo interno, en la incompatibilidad, por parte del amado líder Abascal, de compartir liderazgo con nadie. Es así que cada virrey territorial de Vox, que empieza a ser conocido por la opinión pública fuera de su propio terruño, es literalmente laminado por el “amado líder” Abascal, que no perdona siquiera a los padrinos de la boda de su propia hija, qué cosas. En este sentido, hay que recordar que en España las asociaciones de todo tipo, y las organizaciones políticas en especial, han de tener una estructura y funcionamiento democráticos, de acuerdo con lo que establece el artículo 6 de la vigente Constitución española, vigente, al parecer, solo para una parte del espectro político, porque en este país han sido ilegalizadas organizaciones políticas del campo de la izquierda, pero ni una sola del de la derecha, a pesar de que las organizaciones políticas que promueven el odio y la discriminación son susceptibles de ser ilegalizadas y de esos contravalores partidos como Vox, pero no solo Vox, van más que sobrados.


Existe un debate que, en la medida en que las urnas han ido apoyando cada vez con más fuerza a Vox, se ha ido diluyendo, en torno a la posibilidad u oportunidad de ilegalizar a las organizaciones de corte fascista. Creo que es un error que estas organizaciones sean legales, siempre he mantenido esta opinión y la sigo sosteniendo, a pesar de que sesudos teóricos y analistas políticos mantengan lo contrario, incluso los del campo de la izquierda, es decir, que ilegalizarlas sería contraproducente porque las fortalecería. No sé si tal cosa ocurriría en el caso de que se ilegalizaran, no soy pitoniso, pero creo que una “sociedad civilizada” no puede permitirse el derroche moral de bendecir organizaciones que atacan directamente el sentido mismo civilizatorio de esa sociedad. La pregunta es: ¿sería lícito, verbigracia, permitir que se presentara a las elecciones una organización que se declarase a favor de la violación de las mujeres, u otra que propusiera el castigo penal a la homosexualidad, u otra que apostara por la prohibición de toda estructura familiar distinta a la comúnmente denominada familia tradicional? Este tipo de interrogantes son las que entiendo deberíamos situar en el frontispicio de ese debate que prácticamente ha desaparecido ya, y hacerlo precisamente ahora, no cuando esas organizaciones de corte fascista ni siquiera nos permitan afrontar ese debate o el mismo se tenga que desarrollar en voz baja y detrás de unas rejas.


 

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