"Cuando la biografía se ignora, el cuidado corre el riesgo de volverse correcto, pero vacío. Espacios seguros pueden transformarse en lugares solitarios.

2026-02-08

Vivir más, vivir mejor

Hoy vivimos más años que nunca. La esperanza de vida se ha extendido y con ella una pregunta que no podemos seguir posponiendo: ¿qué hacemos con el tiempo que ganamos? Vivir más no siempre significa vivir mejor. La longevidad, por sí sola, no garantiza bienestar si no está acompañada de vínculos, sentido y cuidado.


Para que esos años adicionales se vivan con dignidad, es indispensable mirar más allá de la edad o del estado de salud. Cada persona llega a la vejez con una historia única: amores, pérdidas, decisiones, oficios y pasiones. Conocer esa historia no es un gesto anecdótico; es la base para diseñar acompañamientos que promuevan sentido de vida, pertenencia y participación en la comunidad.


Cuando la biografía se ignora, el cuidado corre el riesgo de volverse correcto, pero vacío. Espacios seguros pueden transformarse en lugares solitarios. La soledad no deseada no siempre nace del abandono físico, sino de la falta de reconocimiento. Sentirse visto, escuchado y tomado en cuenta sigue siendo una necesidad profunda, también en la vejez.


En el marco del Día del Amor y la Amistad, vale la pena recordar que envejecer bien no es un camino exclusivamente individual ni completamente colectivo: es un equilibrio. Una comunidad y una red de apoyo fuertes sostienen, acompañan y protegen; pero también es necesaria una conciencia personal desarrollada, con amor propio, respeto al propio proceso de envejecimiento y la capacidad de seguir encontrando sentido en lo cotidiano.


Amar en la vejez no se limita a la pareja. Incluye la amistad, el cuidado mutuo, el afecto compartido y la posibilidad de seguir construyendo vínculos significativos. Incluye también el vínculo con uno mismo: aceptar los cambios, reconocer los límites y valorar la experiencia acumulada.


Entre generaciones, vivir más y vivir mejor implica crear entornos donde las personas mayores sigan siendo parte activa del tejido social. Donde su historia importe, su voz cuente y su presencia sea valorada. La longevidad se vuelve entonces una oportunidad, no una carga; un tiempo para seguir habitando la vida con dignidad, compañía y propósito.


Porque vivir más, solo tiene sentido cuando se vive acompañado, reconocido y en paz con la propia historia.


 

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