"En México prendemos velas y ponemos flor de cempasúchil para guiar a las almas en el camino de regreso.

2026-11-01

Tradición en movimiento

Hay costumbres que parecen tener un lugar asegurado en nuestra vida: una receta preparada año con año, una canción que toda la familia conoce, un ramo de flores en el cementerio o los objetos que colocamos para recordar a quienes ya no están. Algunas nos acompañan desde la infancia, otras las descubrimos cuando formamos nuestra propia familia, pero todas ellas, se convierten sin darnos cuenta, en parte de nuestra historia.

En México el Día de Muertos nos alcanza de nuevo invitándonos a recibir, simbólicamente a quienes amamos a través de una ofrenda. En España, las familias visitan los cementerios en la fiesta de todos santos. En México prendemos velas y ponemos flor de cempasúchil para guiar a las almas en el camino de regreso. En España, los crisantemos lucen elegantes en las tumbas limpias y se conversa sobre las vidas e historias de los difuntos. Tradiciones ambas que aunque parecen muy distintas, nos recuerdan que el vínculo con quienes nos precedieron sigue vivo y se transforma.

Cambian las familias, los lugares donde vivimos, nuestras creencias y la forma en que entendemos el mundo, y pasamos de disfrazarnos y salir de fiesta, a conversaciones filosóficas sobre la vida y la muerte; y es que las tradiciones no permanecen intactas, por eso la pregunta esta vez es ¿honrar lo que recibimos significa conservarlo todo tal como nos lo enseñaron?

A veces sentimos que al transformar una costumbre o permitir que una tradición evolucione y se adapte a nuestro estilo de vida, estamos traicionando nuestras raíces. Otras veces repetimos los rituales por compromiso, aunque carezcan de sentido para nosotros. Pero las tradiciones no deberían ser obligaciones, sino puentes para recuperar aquello que nos conecta y dejar espacio para nuevas maneras de celebrar, recordar y convivir.

Entre generaciones, las personas tenemos que aprender a escuchar con verdadera atención, para que al compartir las enseñanzas construyamos experiencias en común. Porque no heredamos una identidad determinada, sino valores, historias, costumbres, canciones, expresiones y formas de ver la vida, y cada uno de nosotros es responsable de decidir qué hacer con ellos.

Tal vez la mejor manera de honrar a quienes estuvieron antes, no es repitiendo sus pasos, sino comprendiendo lo que nos dejaron y encontrando nuestra propia manera de llevarlo, haciendo espacio para comenzar algo nuevo, transformando cuando sea necesario y manteniendo las tradiciones más significativas. Esas que siguen reuniéndonos, nos ayudan a comprender de donde venimos y nos permiten decidir juntos, lo que queremos que las generaciones siguientes aprendan, transformen y transmitan.


 

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