"Por eso una buena red no es aquella que llena de actividades y mantiene ocupada a la persona.

2026-09-06

Dime con quien andas…


Parte de nuestra identidad se construye a través de las personas con quienes compartimos el camino: los amigos que elegimos, los lugares donde nos sentimos cómodos, las actividades que disfrutamos y las comunidades de las que decidimos formar parte. 


Porque pertenecer no significa simplemente estar acompañado. Si no hallar espacios donde podamos ser nosotros mismos, donde nuestra presencia importe, donde podamos sumar sin ser juzgados. 


Esto cobra especial importancia cuando envejecemos, cuando vivimos con una enfermedad crónica o cuando el dolor limita las actividades y nuestras capacidades comienzan a cambiar. En esos momentos, es muy común que desde el amor, la protección y la preocupación, otros comiencen a decidir por nosotros: dónde estar, qué hacer, con quien convivir o incluso cómo participar. Y aunque puede venir de las mejores intenciones, cuidar no debería ser sinónimo de sustituir la voluntad o a la persona a la que acompañamos.


Y es que no todos participamos de la misma manera. Estamos quienes disfrutamos organizando las actividades, cantando toda la noche o platicando en una sobremesa, otros prefieren compartir un café en silencio, observar a los que bailan en la pista o quedarse en casa. 


Porque nuestra manera de participar refleja intereses, personalidad, experiencias y valores, por eso al construir una red de apoyo no basta con preguntar “que podemos hacer por esta persona”, sino también “¿Qué quiere seguir haciendo?, ¿con quién elige participar?, ¿cómo y en donde siente que forma parte?”.


Incluso cuando convivimos con un diagnóstico de demencia. La historia no desaparece. Puede que sea difícil para la persona expresar con palabras, pero su manera de reaccionar y relacionarse revela mucho de su esencia. Reconocer esas “pistas” es también reconocer la identidad y a la persona.


Por eso una buena red no es aquella que llena de actividades y mantiene ocupada a la persona. Si no aquella que encuentra espacios donde la persona brilla, participa desde sus posibilidades y conserva sus vínculos. 


La familia es parte indispensable, pero no tiene que ser toda la red. Consideremos amigos, vecinos, colegas, profesionales, instituciones y organizaciones como piezas del tejido. Y quizá debamos comenzar a construir estas redes antes de necesitarlas. Preguntarnos desde hoy: Dónde queremos vivir, que relaciones queremos conservar, que personas suman en nuestras vidas y qué actividades nos representan.


Porque una red no se construye solamente para sostenernos cuando no podemos más. Existe para acompañarnos mientras construimos nuestro camino.


Entre generaciones, cuidar significa aprender a caminar en compañía, respetando que cada persona tiene una forma distinta de pertenecer, promoviendo la autonomía y observando siempre a la persona. Porque las personas que elegimos para caminar, también forman parte de la persona que somos. 


“Dime con quien andas, y te diré quien eres”. Un refrán realmente sabio, ¿no creen?

 


 

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