"El vacío internacional no ha tardado en hacerse notar. 

2026-06-14

El Sáhara es torturado

Desgraciadamente, Marruecos ataca brutalmente a la resistencia saharaui en los territorios aún no ocupados utilizando drones israelíes y turcos. Entre las tres últimas víctimas mortales del Frente Polisario se encuentra el jefe militar y político Lahbib M. Abdelaziz, hijo del fundador de la organización independentista. Este repunte de la violencia llega como respuesta a un ataque, sin víctimas, del Polisario en Esmara, ciudad saharaui ocupada. Cabe recordar que el conflicto regresó a la vía armada en 2020, tras el incumplimiento del alto el fuego por parte de Marruecos.

​A pesar de este contexto, la embajada de España en Marruecos se apresuró a condenar las actividades militares del Frente Polisario, cuyo objetivo es recuperar un territorio ocupado desde 1975. Esta postura resulta incoherente, ya que el Sáhara Occidental fue la provincia número 53 de España desde 1961, hasta que fue entregada a Marruecos y Mauritania mediante el Acuerdo Tripartito de Madrid (no reconocido en el BOE) por temor a una guerra. Aquella salida se ejecutó mediante la cobarde Operación Gorrión, cuyo resultado final fue el abandono militar de una parte de nuestro pueblo. Asimismo, las autoridades españolas condenan que ciudadanos que legalmente eran españoles de iure (por derecho) luchen hoy por la libertad de un territorio abandonado por el Estado; un territorio que, según la ONU, sigue teniendo a España como potencia administradora y permanece pendiente de descolonización.

​El vacío internacional no ha tardado en hacerse notar. Mientras los ojos del mundo se fijan en Palestina o Ucrania, el Sáhara es el gran condenado al olvido y al exterminio, castigado sin que la Corte Penal Internacional tome represalias. Los saharauis no solo son bombardeados físicamente, sino también social y legalmente a través de normativas que los están convirtiendo, de forma sistemática, en una población apátrida. Todo esto respaldado por el giro de 180° histórico en la postura de España, encabezado por Pedro Sánchez en marzo de 2022, cuando el presidente del Gobierno respaldó oficialmente el plan de autonomía marroquí para el territorio. Esta decisión supuso una ruptura con la posición de neutralidad activa que el país había mantenido durante casi cinco décadas, alineada formalmente con las resoluciones de la ONU para un referéndum de autodeterminación. El cambio se hizo público mediante una carta enviada por Sánchez al dictador de Marruecos, en la que afirmaba que la propuesta de autonomía presentada por Rabat en 2007 es “la base más seria, creíble y realista” para resolver el conflicto, sumiendo al pueblo saharaui en un desamparo internacional gravísimo.

​Hoy en día, España busca ganarse la simpatía de un Marruecos respaldado por Israel y EE. UU., el cual mantiene sus ambiciones sobre Ceuta, Melilla y las aguas de las islas Canarias. Por su parte, la ONU evita intervenir mientras las potencias priorizan la estabilidad energética y el control geopolítico. Tras el corte del gasoducto Magreb-Europa por las tensiones entre Argelia y Marruecos, y el bloqueo al gas ruso debido a la guerra de Ucrania, los recursos se han vuelto vitales. En este tablero, Estados Unidos persigue el fin del conflicto para asegurar el control de las materias primas y ganar peso estratégico en África y Europa. Como se observa, el interés no reside en la humanidad ni en la libertad, sino en quién acapara el poder y los recursos. Quien los controle será el emperador del mercado.

​Trágicamente, generaciones enteras de saharauis están condenadas al exilio en Tinduf y su desierto. Este pueblo resiliente, que jamás ha sido doblegado, lleva ya cincuenta años resistiendo en campos de refugiados, pero el tiempo corre en su contra. Ante las sogas que asfixian su futuro, una de las soluciones más coherentes sería facilitarles recuperar la nacionalidad de sus padres y abuelos para poder vivir en el país cuyo gobierno los traicionó, pero cuya gente nunca ha dejado de apoyarlos. La otra opción, menos realista, sería que Argelia les otorgase la nacionalidad en masa; una alternativa que a Argel no le interesa, ya que provocaría una crisis humanitaria interna y supondría dar por perdido el territorio estratégico del Sáhara Occidental.


 

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