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"Cuestionar el derecho a dejar de vivir es algo que traspasa toda lógica. |
2026-04-05
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Cuestión de vida o muerte

Lo de Jesucristo no es nuevo. Me refiero a lo de resucitar. Yo también lo hago de vez en cuando, y quien no resucita es porque no ha muerto y el que no ha muerto es porque no ha vivido. No seré yo sospechosa de quitar mérito a ningún dios, todo lo contrario, pero esa divinidad que nos habita al margen de los dioses con nombre y apellidos, no distingue entre creyentes, agnósticos o ateos. Cómo alguien puede sentirse dios sin creer en su existencia, no es algo tan descabellado como pudiera pàrecer dicho con la ligereza que me permite hacerlo esta tribuna, pero he conocido a más de uno así. A veces solo hay que mirar alrededor o dentro de uno mismo.
He vivido tantas muertes en los últimos tiempos que le he cogido el gusto a eso de la resurrección. No deja de ser un proceso doloroso enterrarse una misma y asistir a ese duelo callado de lo que queda reducido a polvo. Esas muertes están exentas de parafernalia: no hay flores, ni rezadoras ni plañideras, no hay coches de acompañamiento, ni sudarios ni responsos, ni misas de aniversario. Todo el negocio de la muerte, que es el pan de muchos vivos, es prescindible en las muertes que tienen lugar en las noches oscuras del alma. De hecho, pasan desapercibidas para el resto mientras quienes las experimentamos vivimos ese cambio crucial y necesario propio de la supervivencia, en silencio.
No es lo mismo morir en la cruz asesinado que hacerlo por voluntad propia, como Noelia, en su segundo intento, esta vez no fallido. Y como cientos, tal vez miles de personas, lo hacen cada día por la vía legal o recurriendo al salto al vacío o a otras formas autolíticas por todos conocidas.
Cuestionar el derecho a dejar de vivir es algo que traspasa toda lógica. Sí es cuestionable, sin embargo, que alguien que se crea dios —un dios furibundo e infrahumano— sea capaz de decidir cuándo poner fin a la vida de los demás provocando guerras sin sentido. Porque no lo tiene hacerlo en nombre de la justicia cuando el verdadero motivo es enriquecerse y medirse el tamaño del narcisismo patológico que esconde bajo el tupé quien ha tomado las riendas del peor dios posible, el de la infamia y la codicia. Y se pasa por su arco de triunfo particular todos los mandamientos con la facilidad con la que otro se muerde las uñas.
Estos días he visto cómo muchos de quienes apoyan a Trump y, por consiguiente, la carnicería en la que está convirtiendo el mundo, se rasgaban las vestiduras contra la democracia en general y la ley de eutanasia en particular, demostrando que no les importan tanto las vidas como poder ejercer control sobre ellas.
Celebro mis muertes y mis resurrecciones porque en cada una de ellas coexiste una enseñanza y la esperanza de seguir viviendo siendo un poco más consciente aun con el alma llena de cicatrices.
La lanza de Longinos tiene tantas formas que nunca sabe uno cuándo y dónde encontrará su muerte, mientras tanto, y mientras se pueda, que cada cual decida si seguir viviendo y renaciendo o morir para siempre.


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