"Existen personas que comen de manera compulsiva cuando experimentan estrés. 

2025-12-28

Comedores emocionales

Somos conscientes del tipo de dieta más adecuada para nuestra salud y bienestar. Sin embargo, no siempre la seguimos. Nuestro organismo nos pide otro tipo de alimentos menos saludable. Existe una fuerte conexión entre la comida y el aspecto social y emocional. Lo que te afecta en este sentido, repercute directamente a lo que te llevas a la boca. 
En el ámbito de la salud no basta solo en comprender qué deberíamos comer y qué deberíamos evitar. Comer no siempre tiene la finalidad de nutrirnos, sino también de saciar o difuminar una serie de emociones concretas. Es necesario recordar el estrecho vínculo que existe entre lo que ponemos en el plato y lo que pensamos, sentimos y las experiencias que vivimos a diario.  
Cuando se atraviesa una época satisfactoria donde nos encontramos centrados y relajados, es normal que nos preocupemos más por nuestra nutrición y salud, pero cuando las cosas no marchan bien, hay problemas en casa, en el trabajo o en cualquier otro ámbito de nuestra vida, los hábitos alimenticios cambian a peor. 
Existen personas que comen de manera compulsiva cuando experimentan estrés. Otras, en cambio, pierden el apetito y recurren a alimentos frugales. La selección que hacemos cuando vamos al supermercado a hacer la compra o acudimos a un restaurante, está influenciada por cómo nos sentimos en ese momento.  Somos lo que viene siendo «comedores emocionales». Es decir, ingerimos alimentos de forma compulsiva como consecuencia de la ansiedad y así, satisfacer el cerebro en lugar del estómago. El peligro de todo esto es que se mueve en un círculo vicioso difícil de salir.
Cuando se tiene un mal día, se tiende a buscar productos de alto contenido calórico como dulces, pizzas, hamburguesas… —alimentos ultraprocesados mayoritariamente— para disfrutar de esa breve explosión de endorfinas y serotonina en el cerebro. Experimentar tensión, preocupación, desconfianza o angustia a diario por el miedo a romper el vínculo con la pareja, trabajo, deudas o cualquier otro problema en nuestro círculo, provoca una alteración en las emociones que, unida a la nutrición, puede poner en riesgo la salud. 
La insatisfacción emocional nos lleva a la mala alimentación y con ello, las consecuencias en nuestro organismo. Lo importante es ser consciente de la situación; analizar si lo que estamos ingiriendo realmente es sustento para nuestro cuerpo, o estamos «comiendo emociones» que nos lleven a una frustración aún más grande por tener que lidiar con otros problemas de salud. Comer bien significa sentirse bien y, para conseguirlo, es esencial realizar una alimentación consciente, conocernos por dentro y atender a nuestro universo psicológico y emocional.


 

Para dar tú opinión tienes que estar registrado.

Comments powered by CComment