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"Un futuro sin casa, afirmó, es un futuro sin comunidad, sin estabilidad y sin proyecto vital. |
2026-02-23

Techo para el futuro
REDACCIÓN /LIBREOPINANTE
UN FUTURO SIN CASA ES UN FUTURO QUE NO PERTENECE A LA JUVENTUD
La Pastoral del Trabajo de la Diócesis de Jaén celebró en Mengíbar su III Jornada Diocesana de Pastoral del Trabajo, dedicada a juventud y vivienda, bajo el lema “Derechos sagrados para la juventud: tierra, techo y trabajo”, en colaboración con la Delegación Diocesana de Infancia y Juventud.
La jornada se abrió con una oración animada por el consiliario de la Pastoral del Trabajo, Pedro Montesinos, que puso en el centro la vida concreta de los jóvenes: sueños aplazados, esfuerzos que no alcanzan, incertidumbre ante el empleo y el cansancio de buscar oportunidades que parecen siempre lejanas. Una oración que fue, a la vez, súplica y denuncia: pedir que el trabajo sea digno, que la vivienda deje de ser un privilegio y vuelva a ser un derecho, y que quienes tienen responsabilidades públicas impulsen políticas públicas justas y solidarias que sostengan la vida. Una oración que reclamó comunidades que acompañen y una Iglesia que sea hogar.
A continuación, el delegado de Infancia y Juventud, Antonio Blanca, ofreció la bienvenida, expresando su alegría por la Jornada Diocesana y agradeciendo la presencia y disponibilidad de todas las personas asistentes. Resaltó la diversidad de participantes, jóvenes, adultos, familias y agentes de pastoral que responde a realidades y compromisos como signo de una Iglesia viva que escucha, dialoga y se implica. Poner rostro a la realidad, afirmó, es imprescindible para no banalizar el sufrimiento ni mirar hacia otro lado y, nunca debe reducirse a estadísticas: detrás de cada dato hay vidas, anhelos y heridas que claman por dignidad.
Seguidamente, el delegado de Pastoral del Trabajo, Bartolomé Mateos, presentó el sentido de la jornada, recordando que la misión de esta pastoral es la misión de toda la Iglesia: anunciar la Buena Noticia en el mundo del trabajo y en aquellas realidades donde hoy se niega la dignidad humana. Señaló que estas jornadas no buscan análisis teóricos, sino confrontar la fe con problemas que ya no son coyunturales, sino estructurales, como el acceso a la vivienda, que condiciona el presente y clausura el futuro de la juventud.
El núcleo más incisivo de la jornada llegó con la intervención de Mélani Ruiz, militante de la Juventud Obrera Cristiana, quien formuló con crudeza una afirmación compartida por toda una generación: el futuro no es nuestro. No lo es cuando trabajar ya no garantiza vivir, cuando el salario se consume en alquileres inasumibles y cuando emanciparse deja de ser un derecho para convertirse en una excepción. Melani insistió en que no se trata de falta de esfuerzo ni de mala suerte, sino de un problema estructural: la vivienda se ha convertido en un bien de mercado y no en un derecho que sostenga la vida. Un futuro sin casa, afirmó, es un futuro sin comunidad, sin estabilidad y sin proyecto vital.
Desde una doble experiencia, personal y profesional, Anabel Garzón, trabajadora social, compartió su propia dificultad para acceder a una vivienda, tanto en alquiler como en propiedad, incluso contando con un empleo estable, del que más de la mitad se destina al pago del alquiler. A ello se suma la realidad de las familias vulnerables que acompaña en su trabajo, en su mayoría migrantes, que viven auténticos estados de excepción habitacional, marcados por la precariedad, la inestabilidad, el hacinamiento y la insalubridad, donde las condiciones de vida vulneran de forma directa la salud y la dignidad humana.
Esta realidad se hizo aún más cruda con los testimonios de Nelson y Carlos, personas migrantes que compartieron cómo el acceso al trabajo y a la vivienda se ve todavía más dificultado por su condición de extranjeros, convirtiendo derechos básicos en una sucesión de obstáculos, rechazos y silencios.
La jornada concluyó recordando que no hablamos solo de casas. Hablamos de dignidad, estabilidad, comunidad y futuro. Cuando la vivienda falla, falla todo: la autonomía personal, los vínculos y la esperanza. Y cuando una generación no puede imaginar su mañana, la sociedad entera se resquebraja.
En palabras del delegado de Pastoral del Trabajo, la jornada se cerró a la luz del mensaje del Papa León XIV sobre la vivienda digna, recordando que la fe cristiana no puede separarse del compromiso con los pobres, con quienes el propio Cristo se identifica. No basta con gestos puntuales ni con campañas aisladas: la caridad ha de convertirse en una actitud constante que afronte las causas estructurales de la pobreza. Mirar de frente el drama de quienes no tienen hogar, subrayó, exige también interpelar al ámbito político y reclamar políticas públicas valientes, capaces de garantizar condiciones de vivienda dignas para quienes hoy viven excluidos. Solo así la fe se hace carne, la fraternidad se vuelve real y la Iglesia cumple su misión de habitar, junto a los últimos, en medio de la historia.



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