![]() |
"El trabajo no es una mercancía; el trabajo son las personas trabajadoras”, afirmó, insistiendo en que el reto fundamental es construir un trabajo verdaderamente humano y digno. |
2026-05-01

Renacer en las periferias del trabajo
REDACCIÓN /LIBREOPINANTE
LA HOAC PRESENTA EL LIBRO TRABAJO HUMANO, EL RETO PENDIENTE, UNA INVITACIÓN A “CUIDAR EL TRABAJO PARA CUIDAR LA VIDA” PARA RENACER EN LAS PERIFERIAS.
En un clima cercano, reflexivo y profundamente comprometido con la realidad del mundo obrero, el escritor y militante de la HOAC, Paco Porcar Rebollar, presentó su libro “Trabajo humano, el reto pendiente”. Por una cultura del cuidado en el mundo del trabajo, publicado por ediciones HOAC. La obra propone recuperar el sentido humano del trabajo y situar la dignidad de las personas en el centro de la vida social, económica y política.
La presentación, enmarcada dentro de la campaña “Cuidar el trabajo, cuidar la vida”, se convirtió en un espacio de diálogo compartido sobre la precariedad, la exclusión y la necesidad de construir una auténtica cultura del cuidado frente a una economía que con demasiada frecuencia deja a las personas en los márgenes.
A lo largo del encuentro, Paco Porcar fue respondiendo a varias preguntas que sirvieron como hilo conductor de la reflexión. El autor explicó que el libro se presenta en un momento especialmente significativo, entre el 28 de abril, Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, y el 1.º de mayo, jornada de reivindicación de los derechos de las personas trabajadoras. Recordó que vivimos una “emergencia humana en el mundo del trabajo” marcada por la siniestralidad laboral, la precariedad estructural, las enfermedades mentales vinculadas al empleo y la invisibilización de trabajos esenciales como los cuidados, el trabajo doméstico o el voluntariado.
“El trabajo no es una mercancía; el trabajo son las personas trabajadoras”, afirmó, insistiendo en que el reto fundamental es construir un trabajo verdaderamente humano y digno.
El autor denunció el predominio del economicismo, una lógica que reduce toda la vida social a la rentabilidad y al crecimiento económico ilimitado. Frente a ello, defendió que la economía nunca es neutral ni autónoma: “el dinero no tiene autonomía moral; las decisiones económicas pueden ser morales, inmorales, no amorales”. Por eso insistió en que la economía sí puede orientarse desde otros valores, y que la propuesta cristiana y humanista es precisamente orientarla desde el cuidado y el bien común.
En ese sentido, Paco Porcar subrayó que el bien común “no consiste en tener más entre todos, sino en que no haya nadie excluido de los bienes necesarios para vivir con dignidad”. Desde ahí defendió la necesidad de construir la vida social entre todos y todas, entendiendo la política no solo como acción institucional, sino como responsabilidad colectiva desde todos los espacios de la vida: el sindicalismo, los barrios, la vivienda, las asociaciones y los movimientos sociales.
La reflexión del libro está profundamente inspirada en la Doctrina Social de la Iglesia y en las enseñanzas del Papa Francisco. Paco Porcar insistió en que esta doctrina no puede quedarse en principios abstractos o discursos teóricos, sino que debe orientar prácticas concretas capaces de transformar la realidad.
Durante el diálogo puso ejemplos muy claros de esa interpelación concreta. Recordó que la Doctrina Social de la Iglesia afirma la prioridad del trabajo sobre el capital, porque el capital está subordinado a las personas trabajadoras y no al revés. “Los derechos de las personas en el trabajo no pueden depender de la rentabilidad económica; son esos derechos los que deben organizar la economía”, señaló.
También abordó el tema de la vivienda y la propiedad privada, defendiendo que la propiedad solo es legítima cuando garantiza una vida digna y no cuando se convierte en acumulación que priva a otras personas de derechos básicos. Denunció como “mal social” el acaparamiento de viviendas por fondos de inversión y reclamó el deber de las administraciones públicas de proteger a las personas frente a esas dinámicas de exclusión.
Otro de los aspectos más destacados fue la insistencia en un cuidado integral del trabajo: cuidar las condiciones laborales, la salud y la seguridad, pero también el sentido del trabajo, la vida social y el planeta. “Si el trabajo destruye la creación y destruye la vida, no puede considerarse digno”, afirmó.
En este camino, defendió también el papel profético e innovador del sindicalismo y de los movimientos sociales capaces de poner en el centro como estrategia de acción o prioridad a las periferias del trabajo: las personas migrantes, las trabajadoras del hogar, quienes viven situaciones de precariedad o exclusión. Un sindicalismo social que se adapte a las nuevas realidades laborales y sociales y que siga organizando esperanza y derechos de los desocupados, trabajadores precarios o informales y todos los que no entran fácilmente en los cauces ya establecidos, para construir justicia juntxs. No hay justicia juntos si no es con los excluidxs de hoy.
La presentación concluyó con un diálogo muy rico entre las personas asistentes, donde se compartieron preocupaciones concretas y compromisos colectivos. Entre ellas, una participante denunció la situación de las familias con hijos e hijas con necesidades educativas especiales ante la posible desaparición de ciclos formativos que permiten a personas con discapacidad acceder a un trabajo digno.
Ante esta realidad, las personas participantes asumieron como compromiso concreto de la presentación elaborar y difundir una nota de prensa pública de apoyo a estas familias y a sus reivindicaciones, visibilizando la importancia de defender unos recursos educativos y formativos que garanticen la dignidad, la inclusión y el derecho al trabajo de las personas con discapacidad.
Lejos de plantear una utopía irrealizable, Paco Porcar defendió que cuidar el trabajo es una necesidad urgente y una esperanza posible. “Nos han robado la capacidad de soñar una sociedad distinta”, afirmó, animando a no normalizar la injusticia, a conocer más la realidad, movilizarse, fortalecer el sindicalismo, crear espacios de encuentro y apostar por formas de vida y consumo más humanas y responsables.
La presentación terminó dejando una convicción compartida: cuidar el trabajo es cuidar la vida, y esa tarea requiere el compromiso cotidiano de toda la sociedad. Como culminación, se participará en la manifestación del 1.º de mayo, añadiendo esa dimensión pública, sinodal y profética que es caminar junto a otrxs, reclamando “pan”, trabajo digno, “y rosas”, vida plena, justicia y esperanza, como expresión de un compromiso que une fe y vida.


Para dar tú opinión tienes que estar registrado.