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"Recordó además que perdonar no significa olvidar, sino recordar de otra manera, desde el amor y la misericordia. |
2026-03-16

Perdonar desde la Cruz
REDACCIÓN /LIBREOPINANTE
RETIRO PARROQUIAL EN SAN JUAN BOSCO. APRENDER DE LA CRUZ PARA VIVIR EL PERDÓN
En el marco de la preparación para los sacramentos de la reconciliación y la Eucaristía, la comunidad de la parroquia San Juan Bosco vivió un retiro marcado por la reflexión sobre la cruz de Cristo. A partir de la lectura compartida y del trabajo en grupos, lxs participantes fueron invitadxs a responder dos preguntas profundas: ¿Qué nos enseña la cruz del Señor? Y ¿A qué vida se nos invita desde la cruz?
Durante el momento de diálogo en pequeños grupos, fueron surgiendo resonancias muy humanas y cercanas. Muchos coincidieron en que la cruz nos enseña a confiar incluso cuando todo parece un fracaso, a descubrir que el amor no muere nunca y que permanecer es amar incluso cuando no entendemos lo que sucede. También apareció con fuerza la idea de que la cruz nos invita a una vida comunitaria al pie de la cruz, caminando junto a quienes hoy siguen siendo crucificados por el dolor, la injusticia o la exclusión.
Después de escuchar las intervenciones de los grupos, el párroco salesiano, Juan Carlos Macías, ofreció una profunda reflexión que ayudó a iluminar lo compartido. Subrayó que el único juicio de Jesús es el perdón. En la cruz, explicó, Cristo no responde con condena: su tristeza no nace del odio, sino del dolor de ver cómo el agresor también se destruye a sí mismo. Aun en medio del sufrimiento, Jesús manifiesta compasión y perdón, entregando su vida por los demás. El sacerdote destacó que Jesús no se justifica ni se protege; no tiene nada que defender porque lo ha entregado todo. Desde esa entrega radical, nos propone el gran signo del amor cristiano: dar la vida. Recordó además que perdonar no significa olvidar, sino recordar de otra manera, desde el amor y la misericordia.
En este camino, invitó a la comunidad a rezar y pedir a Dios la fuerza para ser signo de amor en el mundo. Un amor capaz de transformar la realidad y de colaborar en la construcción de un mundo nuevo. En sus palabras resonó también la llamada a mirar el sufrimiento de nuestro tiempo: necesitamos el perdón de todas las víctimas de la guerra, la injusticia y la pobreza, pero también estamos llamados a perdonar a quienes provocan el empobrecimiento y el dolor.
El párroco insistió en que el perdón cristiano es concreto: perdonar a las personas, no solo a sus errores. Jesús no hizo un juicio condenatorio; por eso el discípulo está llamado incluso a perdonar a los verdugos. Recordó la fuerza de las palabras del Evangelio: no hay amor más grande que dar la vida por los amigos, y ese amor se vuelve aún más radical cuando se extiende también a los enemigos.
Perdonar, reconoció, no es fácil. Sin embargo, cuando alguien nos perdona, experimentamos una alegría profunda, un sentimiento de gratitud que transforma el corazón. Por eso, el camino cristiano pasa por morir un poco a unx mismo para dar vida a lxs demás. En esa entrega, paradójicamente, es donde también recobramos nuestra propia vida.
El retiro concluyó con un clima de recogimiento y esperanza. La reflexión sobre la cruz abrió el corazón de la comunidad para dar un paso más en su preparación hacia la reconciliación y la Eucaristía, recordando una verdad que quedó resonando en todos: el amor no muere nunca.


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