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EDITORIAL "Estos funcionarios no encarnan perfección alguna
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2025-12-14
Jueces

Estos funcionarios no encarnan perfección alguna
En distintos foros ciudadanos se habla de una sensación creciente de desajuste entre lo que debería ser una justicia serena y lo que, en ocasiones, parece una disputa abierta entre visiones políticas. Para muchos observadores, la percepción de injusticia se instala cuando ciertas decisiones judiciales se leen como movimientos que, más que resolver un conflicto jurídico, parecen responder a pulsos externos. Esa impresión —fundada o no— alimenta la idea de que prevalecen los intereses partidistas por encima de la verdad procesal, un diagnóstico que incomoda porque erosiona la confianza en un pilar central del Estado.
No faltan voces que consideran que algunos fallos recientes han actuado, en la práctica, como una forma de oposición firme al gobierno, generando un ruido que trasciende lo estrictamente jurídico. Desde esa óptica crítica, hay quien interpreta determinados pronunciamientos como un desplazamiento del debate político hacia el estrado, un terreno donde la imparcialidad debería ser innegociable. Incluso se ha llegado a describir esa dinámica como un “golpe de Estado perpetrado desde el estrado”, expresión dura que refleja la intensidad del malestar, aunque debe entenderse en el marco de la opinión y no como un hecho comprobado.
Ante este clima, conviene recordar que la fortaleza institucional se construye con transparencia, responsabilidad y distancia prudente respecto de cualquier presión. Solo así se recupera una confianza que, para amplios sectores de la sociedad, hoy aparece debilitada.
La idea de recordar que quienes ejercen como jueces no están por encima de la condición humana merece una formulación que refleje, con mayor equilibrio, su complejidad y sus límites. En ocasiones, la percepción social tiende a colocar a determinadas figuras institucionales en un pedestal simbólico, como si su posición implicara una infalibilidad automática. Sin embargo, conviene subrayar que esa imagen idealizada no se corresponde con la realidad cotidiana de su labor ni con la naturaleza misma de cualquier individuo.
Cabe destacar, que estos funcionarios no encarnan perfección alguna; son seres humanos, dotados de aciertos y desaciertos, de todo, como todos.


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