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MANUEL RUIZ TORRES "El ser humano no envejece cuando se le arruga la piel, sino cuando se le arrugan los sueños y esperanzas |
2025-12-14
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Juventud

Una de las acepciones de la palabra ‘juventud’ es “energía, vigor, frescura”, cualidades propias de la vida interior, que no se ve afectada por el paso del tiempo, que no decae si se la mantiene activa e inmersa en un proceso constante de enriquecimiento.
Por tanto, la juventud es una cualidad de nuestra alma, nuestro espacio interior en el que tienen lugar el entendimiento, la sensibilidad, el discernimiento, la intuición, la inspiración, la acumulación consciente de la experiencia, los sentimientos y tantos otros tesoros. Al contrario de nuestro cuerpo, cuya juventud se cuenta por unos pocos años, el alma puede permanecer fresca a pesar de la edad.
En la tradición griega existe la idea de la “Afrodita de Oro”, estado interior de juventud exultante que puede vivirse en plena vejez del cuerpo, como expresión de un alma radiante, llena de vida y entusiasmo. Y así, es posible encontrar venerables ancianos pletóricos de juventud. “El ser humano no envejece cuando se le arruga la piel, sino cuando se le arrugan los sueños y esperanzas” afirmó el filósofo Jorge Ángel Livraga.
La juventud, aquella que realmente importa, no depende de la edad física sino de la vida interior. Es una cualidad del alma viva, de un alma despierta llena de contenido. ¿Qué contiene un alma viva? Ideales, sueños, principios que enmarcan innumerables propósitos, que se anhelan, se buscan y se plasman con el concurso de esas fortalezas interiores que conocemos como virtudes.
La juventud se alimenta de conocimiento que al ponerse en práctica se convierte en sabiduría, de la belleza, del arte, de la imaginación, de la lectura, de la conversación, de la naturaleza, de la música, de la reflexión, de la incesante búsqueda filosófica de respuestas a preguntas que siempre aparecen en el movimiento, de caminar por un sendero de mejora permanente.
El entusiasmo es otra cualidad propia del alma despierta que acompaña a la juventud. Las dos primeras acepciones del diccionario son muy elocuentes: “Exaltación y fogosidad de ánimo, excitado por algo que lo anime o cautive” y también “Adhesión fervorosa que mueve a favorecer una causa o empeño”. Ambas traen la idea de acción, de determinación vigorosa para plasmar algo, en sintonía con su propia etimología, proveniente de las palabras griegas ‘en’, ‘theou’ y ‘asthma’, que juntas significan “el soplo interior del dios”, que puede entenderse como poseer los poderes atribuidos a los dioses, como son la voluntad, el amor y el discernimiento.
La solemnidad y la seriedad que proporcionan los años se apoya en la juventud del alma, no en la rigidez de unas formas gastadas o unas expresiones grandilocuentes. Bienvenido el entusiasmo encanecido bañado en ideales de juventud.


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