![]() |
"Escribir para volver, y la memoria, escribiendo, me lleva a la infancia en el pueblo. |
2026-08-23
![]()
Volver al pueblo

Escribir es, muchas veces, una forma de regresar. No siempre volvemos a los lugares con los pies; a veces lo hacemos con la memoria, con una palabra que despierta una imagen, con una frase que nos devuelve el olor de una calle al atardecer o el sonido de unas voces que creíamos olvidadas. La escritura tiene esa capacidad íntima y poderosa: abrir una puerta hacia lo vivido y rescatar del silencio aquello que fuimos.
En un tiempo convulso, dominado por la prisa, detenerse a escribir sobre la infancia puede parecer un gesto menor, casi inútil. Sin embargo, pocas acciones son tan necesarias. La infancia en el pueblo no era solo una etapa de la vida: era una manera de mirar el mundo. Allí, donde todo parecía más cercano y más grande al mismo tiempo, la inocencia convertía lo cotidiano en extraordinario. Una plaza podía ser un universo entero; una tarde de verano, una aventura interminable; una conversación junto a la puerta, una lección de vida.
La escritura nos permite ordenar esos recuerdos sin encerrarlos. Al ponerlos en palabras, no los congelamos; al contrario, los hacemos respirar de nuevo. Recordar la infancia no significa idealizar el pasado ni negar sus dificultades, sino reconocer que en aquellos años había una forma limpia de asombro que la vida adulta suele ir cubriendo de obligaciones y creencias, miedos y rutinas. Escribir sobre el pueblo es recuperar la mirada de quien descubría el mundo sin sospechar todavía sus límites.
En los pueblos, la memoria tiene nombres, esquinas, patios, voces y silencios. Tiene el polvo de los caminos, el rumor de las vecinas, los juegos en la calle y esa sensación de que el tiempo avanzaba más despacio. Cuando escribimos sobre todo eso, no solo contamos lo que pasó: también protegemos una forma de ser y de sentir que nos pertenece. La memoria personal se convierte entonces en memoria compartida.
Por eso, escribir sobre la infancia en el pueblo es mucho más que un ejercicio de nostalgia. Es un acto de conexión con nuestras raíces, con la inocencia que un día nos enseñó a mirar la realidad como si todo pudiera contener un milagro. Tal vez escribir sea, en el fondo, eso: encender una luz en la memoria para que los recuerdos no se pierdan y para que aquella magia, aunque el tiempo haya pasado, siga acompañándonos.
Escribir para volver, y la memoria, escribiendo, me lleva a la infancia en el pueblo. Una infancia de la que en forma de haiku llega este regalo:
Bercho verdea
pues ya es primavera
ruedos esperan.


Para dar tú opinión tienes que estar registrado.