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"Conversaba… su diálogo mostraba cómo se enervaba ante lo que visionaba y escuchaba. “La gran final” continuaba. |
2026-07-19
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Final del Mundial 2026

Estaba en casa. No tenía nada importante, ninguna prioridad, que ocupara su tiempo.
Domingo día 19 de julio de 2026. Eran las 21:00. Había terminado de cenar. Se levantó y recogió la vajilla utilizada en la cena. La trasladó a la cocina. Fregó con abundante espuma lo acumulado en el fregadero. Lo hizo con gran abundancia de paciencia. Nada importante le esperaba. Más allá de su tranquilidad. Su vida.
Cuando terminó de fregar los platos, pasó al baño. Se cepilló los dientes y se aseó. Seguidamente, concentró la basura y los plásticos. Cogió ambas bolsas. Pasó por el salón. Cruzó entre el televisor y entre la espectadora que atentamente miraba la pantalla. Tomó el camino del pasillo. Al llegar al final de este, abrió la puerta. Salió.
La calle estaba desierta. Ni un murmullo. El silencio se había fundido con el calor. Llegó hasta la alineación de los contenedores. Con el pie derecho. Pisó el pedal del contenedor gris. Depositó la bolsa de residuos sólidos. Avanzó tres pasos por su derecha. Con la bolsa empujó la escotilla del contenedor amarillo y dejó caer la bolsa. Cruzó la calle. Seguía desierta. Llena de silencio y calor.
Por la ventana del vecino. El de la acera de enfrente. Salía un sonido con intención de romper el silencio. Se escuchó “Cucurella”. Era desde el televisor. Nada relevante, pues enseguida se calló.
Deshaciendo camino. Llegó a casa. Empujó a la puerta. Pasó dentro. La cancela lo recibió. Se giró. Cerró. Echó la llave y el cerrojo. Desanduvo el pasillo hasta el salón. Se fue al rincón. Se sentó en su sillón azul. Encendió el ordenador. Miró el correo y las redes sociales. Estaban como la calle. Todo desierto. El silencio era patente.
Pensó. Cambió. Cerró las redes. Abrió Word. Se puso a escribir este relato. Mientras, inevitablemente, se oía un ruido gritón que rivalizaba con un pitido. Era del televisor.
Ya eran las 22:42. La espectadora continuaba frente al televisor. Conversaba… su diálogo mostraba cómo se enervaba ante lo que visionaba y escuchaba. “La gran final” continuaba.
… —“A ver, que estáis dejando”… “mi, mi mi”…
23:14. Aquí concluyo. Sinceramente, la temática central de este relato, basada en su título. Ni me va, ni me viene. ¿Se nota?


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