"Me refiero a la Cofradía de la Purísima Sangre de Sagunto. 

2026-04-05

Los Búfalos Mojaos

Si la tradición se convierte en un muro que deja de crecer con la comunidad que la sostiene, da como resultado un choque frontal entre “lo que ha sido siempre así” con la coexistencia de los valores de igualdad que definen nuestra sociedad del siglo XXI.

 

Me refiero a la Cofradía de la Purísima Sangre de Sagunto. Nada nuevo bajo el Sol. Sevilla, Málaga, Irún, Hondarribia, Hellín y Baena ya tuvieron sus rifirrafes.

 

En Sevilla, tras años de pleitos internos y una sociedad sevillana que ya no entendía a los extremos que había llegado la discriminación, el Arzobispado de Sevilla intervino. Y así, en el año 2011, mediante un decreto, el Palacio Arzobispal obligó a todas las hermandades (sin exclusión alguna), a permitir la participación de las mujeres en igualdad de condiciones en la Semana Santa de dicha ciudad. La Quinta Angustia, El Silencio, y El Santo Entierro ya no prohibirían nunca más que las mujeres vistieran la túnica de nazareno. Esa “guerra” había acabado con un decreto. Y punto.

 

En el País Vasco, la tradición también dividió la sociedad. División que aún perdura. Irún y Hondarribia son ciudades donde se celebra la victoria del pueblo sobre las tropas francesas. Hasta los años 90 del siglo pasado, los que abanderan la “tradición” solo permitían que las mujeres participasen en dichos desfiles como cantineras, pero solo una por compañía. Y como resultado de tal empecinamiento, la celebración se ha dividido en dos: una los de quienes gustan de un desfile tradicional (privado), y otra la de un enorme grupo mixto en el que este desfile está apoyado por instituciones.

 

Una vez más la tradición se usa como arma de exclusión.

 

Por el contrario, ha sido en Hellín y en Baena, donde ya resuena el estruendo del tambor al unísono, al toque de hombres y mujeres, tras comprender que la negación a que las mujeres participasen era absurda, por supuesto ayudadas de la presión de las peñas de los jóvenes tamborileros que dijeron que el sonido del tambor no tiene género. Cierto que es. Hace 40 años esta participación era impensable, en este siglo XXI, la intervención de la mujer en las procesiones de forma activa le ha dado identidad a esta fiesta con el BIC (Bien de Interés Cultural).

 

A veces olvidamos que algunas de estas cofradías funcionan como clubes privados y que se rigen con estatutos antiguos. Cofradías que con sus reglamentos disfrazan la misoginia en fidelidad histórica.

 

Pero los expertos, argumentan que la diferencia entre la anatomía femenina o masculina no es suficiente para ignorar la fe y la devoción de la persona. Además, con esta actitud se expresa un miedo atroz a que una Hermana Mayor sea elegida y gestione el patrimonio y el poder de la cofradía.

 

Y así, toda esta testosterona me recuerda a la Logia de los Búfalos Mojaos, que claramente define un espacio de exclusividad masculina basados en rituales cerrados con sombreros curiosos, y una sensación de pertenencia que se alimenta de dejar a los demás fuera, en este caso a Vilma Picapiedra y a Betty Marmol.

 

Lo que para Pedro Picapiedra y Pablo Mármol, pertenecientes a la Logia de los Búfalos Mojaos, era una escapada en la rutina casera, en el siglo XXI es un conflicto en la gestión de la cofradía con su patrimonio público y religioso.

 

Muchas juntas directivas deberían aplicar en ellas la evolución del tiempo, y no atajar y negar la participación de los actos religiosos a las mujeres con unas normas que se hicieron siglos atrás. Con esa coherencia, podrían vivir en ese mundo de “tradición”. Pero vivir en él con todas las consecuencias; sin embargo, se benefician de las bondades que la sociedad ha logrado para habitar en unas condiciones de mejor calidad de vida. ¿Qué tal vivirían esos que se agarran a la “tradición” para negar a las mujeres la participación en actos de fe, sin los avances tecnológicos? Teléfonos móviles, redes, automóviles, etcétera… Pero de la “tradición” está visto que tradicionalmente solo cogen lo que les interesa…

 

Así que, como resultas de tanto revuelo y ser una noticia muy mediática, para la Cofradía de la Purísima Sangre de Sagunto que tenía concedido el privilegio del título como Bien de Interés Cultural, el Gobierno de España ha iniciado los trámites para retirarles el BIC. Por ello, hay que aclarar que este título (BIC) es un reconocimiento que otorga el Estado en nombre de toda la ciudadanía.

 

Sepan ustedes, todos y todas, y sobre todo quienes se amparan bajo el estandarte de la “tradición”, que las instituciones que reciben protección pública no pueden ejercer como clubes privados con derecho de admisión basándose en la misoginia.

 

¡Ea!


 

Para dar tú opinión tienes que estar registrado.

Comments powered by CComment