"Se palpa la indignación porque el desequilibrio en la balanza ha tocado el suelo, pero solo en un lado. 

2026-11-01

Jaleo

Seguro que lo habéis comentado, pensado o simplemente escuchado que el mundo está patas arriba…, sí, así es, tal es el despiporre que ni aun mirando hacia otro lado se puede obviar.

Está sucediendo que en muchas latitudes la gente descontenta está opinando en voz alta, escribe en letras mayúsculas, revela con gestos que no puede más, manifiesta sus carencias, grita, destruye lo sólido de rabia, arrasa con los convencionalismos, exige el cumplimiento de las palabras prometidas y todo a cambio de un voto. Ese derecho irrefutable. Mismo comportamiento en el mundo entero. ¿En serio?, ¿por qué?

Las mujeres tenemos brechas de todo respecto a la hegemonía masculina, ¿entran estos sesgos femeninos también en este nuevo orden o nuestra batalla va aparte? Porque hasta ahora los beneficios en reivindicaciones no nos equiparan como población.

Y aunque manifestarse es un derecho, y no es nada surrealista en estos tiempos, las tácticas para que la población de a pie sea escuchada han perdido la métrica. El ingenio para captar la atención en esta vorágine es lo que prima.

Reivindicar no es avasallar, no es robar, no es incendiar, no es herir, aunque haya personas que lo hagan metiendo la mano en lo ajeno. Demandar es crecer, sin transgredir la vida misma.

Y a colación lanzo una pregunta: ¿Quiénes arman jaleo? ¿Yo, tú, él, nosotros, vosotros, ellos? Depende de la porción de moral y dignidad que nos toquen, ¿verdad?

La población está descontenta, es indiscutible. La chepa ya no puede soportar más mocos pegados, el cuerpo no camina bien con tanta inmundicia entre los dedos de los pies, la cotidianeidad se engancha por las esquinas con los jirones de las ropas de tantas batallas libradas, las bocas van vomitando por doquier porque a las tragaderas ya no les da la gana de tragar más.

¿Y?, preguntarán otros…

Pero hay que alimentarse, descansar, crecer, vivir, no malvivir, pero vivir todos, no solo unos pocos. En definitiva, suplir las necesidades básicas del cuerpo, y aun así ante tanto progreso tanta industrialización y en plena era del algoritmo y la diosa IA, las quejas por infelicidad son manifiestas.

Se palpa la indignación porque el desequilibrio en la balanza ha tocado el suelo, pero solo en un lado.

El mundo se mueve espoleado por los motores de las redes sociales. En ellas, las convocatorias se fraguan, los bulos se comparten como pruebas fehacientes de mentiras que a base de su repetición se hacen verdad, y quienes nos desconectamos y conectamos por el extraño bebedizo de la dependencia que generan en nuestras limitadas entendederas, nos encaramos entre nosotros. ¿Es el cometido la crispación?

Mientras, el destino nos va poniendo ante el espejo una y otra vez el presente, ahí, sí. En ese presente que dice decir la verdad en la que nos dan los latigazos que van y vienen, y los seguirá haciendo hasta que demos el paso que tenemos que dar para que al unísono despertemos de una maldita vez.

No hay margen para actuar. El canal de actuación se cierra, ya sea por la miopía mental, o por la tara más acuciante, qué más da. Aun así, el deseo de progreso y justicia social es manifiesto. Defender la paz y los derechos humanos está escrito en muchas banderas, pero no en todas.

Pero antes de poner orden en el mundo de todos, debemos de hacerlo en el propio. Alcanzar la serenidad y el bienestar es primordial en el fuero interior de cada quien para dar los demás pasos de estabilización en una senda democrática.

P.D.: Caminando por la calle un hombre lanzaba un mensaje en una camiseta que vestía: Fuck Off. Recado que se puede aplicar a todo y a todos dependiendo en donde te apriete el zapato. Mientras tanto miraremos qué sucede en Francia…


 

Para dar tú opinión tienes que estar registrado.

Comments powered by CComment