![]() |
"La mujer pensó que era un Modigliani auténtico y se lo compró por una suma astronómica. |
2026-08-09
![]()
Copiotas

No es oro todo lo que reluce. Cuando se retira de la historia la pátina glamurosa para validar su verdadero valor, emergen barnices, técnicas y horneados como los que han sucedido con los copiotas a los que voy a citar.
Viendo el panorama actual que ya está bastante oscuro en el horizonte, creo que voy a hacer un viaje al pasado, para constatar que las mentiras ya están inventadas y los mentirosos también, haré un matiz a los que llamo como copiotas. Resulta que he sabido que, durante la ocupación nazi de Holanda en la Segunda Guerra Mundial, el señor Van Meegeren vendió varios de sus falsos Vermeers a los alemanes. Uno de ellos, Cristo y la mujer adúltera, terminó en la colección privada del mariscal nazi Hermann Göring, quien entregó a cambio 200 pinturas originales expoliadas a los holandeses.
Al terminar la guerra en 1945, los Aliados encontraron el cuadro en un refugio alpino de Göring. Al rastrear dicha venta, la policía holandesa arrestó a Van Meegeren bajo la gravísima acusación de traición a la patria y colaboración con el enemigo. Un delito castigado con la pena de muerte o cadena perpetua.
Ante la perspectiva de ser ejecutado como un traidor por vender el patrimonio nacional a los nazis, Van Meegeren soltó la bomba durante el interrogatorio.
—¡No he vendido un Vermeer a los nazis! ¡Ese cuadro lo pinté yo! — dijo el copiota.
Nadie le creyó. Para demostrarlo, el tribunal lo puso bajo custodia en una habitación cerrada con caballete, pinceles y testigos, donde pintó en directo su última falsificación. Jesús entre los doctores.
El juicio de 1947 fue un espectáculo internacional. La acusación de traición fue retirada y sustituida por la de fraude menor. Pasó de ser visto como un colaboracionista a ser aclamado como el héroe popular que engañó al régimen nazi sacándole una fortuna a Göring.
Fue condenado a solo un año de prisión, aunque murió de un ataque al corazón pocas semanas después, antes de ingresar en la cárcel, dejando tras de sí una de las mayores leyendas de la historia del arte. ¿Y qué fue de los 200 lienzos originales expoliados a los holandeses?
Lo desconozco, pero este hombre pasó de ser copiota a ser un héroe. Y así es la vida…, dependiendo de quien sea el damnificado todo se transforma como energía que somos.
Tal cual en este segundo caso de copiotas. Me refiero al señor Elemér Albert Hoffmann, que era su nombre real, húngaro de origen. Que, tras sobrevivir a la Segunda Guerra Mundial, y a los campos de concentración nazis por ser de origen judío y homosexual, llegó a París arruinado, pero con sentada formación artística.
Su salto a la falsificación no lo planificó, sino que fue un golpe de suerte fortuito. De Elemér, pasó a ser Elmyr, un simple detalle. En 1946, una mujer rica británica vio en su estudio un dibujo que Elmyr había hecho imitando el estilo de Amedeo Modigliani. La mujer pensó que era un Modigliani auténtico y se lo compró por una suma astronómica.
Elmyr descubrió que, mientras nadie quería sus obras firmadas como Hoffmann, los magnates pagaban fortunas si la firma correspondía a Picasso, Matisse, Modigliani, Chagall o Renoir.
A diferencia de Van Meegeren, Elmyr casi nunca copiaba un cuadro existente. En su lugar, estudiaba a fondo el trazo, la psicología y la trayectoria de un maestro, para luego pintar una obra nueva que el artista podría haber pintado en un año determinado. Cosas de la vida. Con el éxito acumulado, Elmyr se instaló en Ibiza, a mediados del siglo XX para pintar plácidamente y vivir con pleno despiporre.
Esto solo es un pequeñísimo vistazo a hechos puntuales que nos enseñan que no te puedes fiar ni de tu sombra, y que los copiotas, han existido y existirán.


Para dar tú opinión tienes que estar registrado.