"Poesía arriesgada, original y auténtica

2026-08-09

Sagrario Manrique

La   zaragozana Sagrario Manrique Esparza es una reconocida enfermera, poeta, pintora y activista cultural. Ha vivido entre Zaragoza y Bilbao y ha desarrollado una intensa labor artística y social orientada principalmente al empoderamiento femenino, la defensa de los derechos humanos y la lucha contra la violencia de género.

Es adicta a la buena poesía, los animales, el mar y los cacahuetes con cáscara y sal. A lo largo de su carrera poética, se ha consolidado como una voz comprometida e inspiradora. Ha escrito los poemarios Liscelánea (2002) y Arderás entre todas las mujeres (2017).

Además de su obra escrita, formó parte activa de colectivos de gran relevancia local en Zaragoza, como la conocida tertulia literaria Van Gogh. También ha participado de forma colaborativa en exposiciones artísticas multidisciplinares como El vuelo y la sombra, coordinada junto a otros autores por el Rolde de Estudios Aragoneses.

Sagrario Manrique destaca notablemente por su papel de agitación y gestión en el panorama cultural de Aragón. Es la presidenta y fundadora de la Asociación Cultural La Casa de Zitas, un espacio creado en 2008 en Zaragoza junto a otros intelectuales y poetas como Montse Grao. A través de esta entidad, impulsa eventos que fusionan la poesía, la belleza estética y la reivindicación social, buscando generar cambios positivos y visibilizar las injusticias actuales.

Participa en eventos culturales, imparte conferencias, colabora con diferentes publicaciones, da recitales, participa también en diferentes peformances, colabora con exposiciones fotográficas, presenta poemarios de otros poetas y ciclos de cine de autor, organiza y colabora con diferentes encuentros poéticos y de relatos eróticos y también ha participado en algunos encuentros de Voces del Extremo.

El también poeta Rafael Calero, ya reseñado anteriormente en este espacio virtual, dice de ella: Sagrario Manrique es, en mi opinión, una poeta muy original, que bebe de diferentes fuentes (encuentro entre sus versos ecos de autoras contemporáneas como la burgalesa Begoña Abad o la onubense Eva Vaz, entre otras) pero, a la postre, ha sabido imprimir a sus poemas un marcado tono personal... Los poemas de Sagrario Manrique suenan como gritos desgarradores que brotan de una garganta que se indigna al ver a su alrededor tanta violencia dirigida contra las mujeres, contra las niñas y los niños, violencia que se da no sólo en el ámbito doméstico, sino también en muchas ocasiones en los medios de comunicación, en determinados estamentos políticos, en el ámbito laboral, etc.

En una entrevista sobre su segunda publicación le preguntan a Sagrario que en su opinión quién debería arder entre todas las mujeres. Y ella nos dice: Está claro. En la belleza del fuego deberán arder las mujeres, pero muchas no se han dado cuenta del significado del título, creen que es enviar al infierno a los hombres y realmente no es necesario, algunos llevan su propio infierno dentro de ellos.

Pero mejor os podéis ir haciendo una idea personal de su poesía con estos textos que os he seleccionado. Disfrutadlos.

La primera vez

que eché un polvo

era casi una niña.

En la casa de sus padres.

En la cama de sus padres

encima de una colcha verde de raso.

En una colcha verde

llena de tristeza.

 

Después del pequeño dolor

dijo que ya era su novia

y ya, cambió todo.

 

Empezaron los celos

las vigilancias

los malos gestos

los insultos

los llantos en el portal

los malos modos

las hostias,

dos ¿cuatro tal vez?

 

Una amiga le paró los pies

él se asustó

y salió corriendo

pero luego ella

se lo contó

a mi siguiente novio.

 

Entendí

que estaría sola.

Siempre.

Defendiéndome

de los hombres

 

y de las mujeres.

 

 ***

 

Era su cumpleaños,

yo le dije:

dame por culo cariño,

pero él no quería

me meé encima de su barriga

para calentarle

mientras seguía diciéndole:

dame por culo cariño.

Fue entonces

cuando sentí

otro golpe redondo

en el ojo.

 

Mientras caía hacia atrás

pájaros en vuelo

pensaban si pegaba también

a las putas

del club del barrio.

 

Después,

desperté en la cama blanca

de una habitación blanca

en la tercera planta blanca

del Hospital Clínico

de Zaragoza.

 

José Ángel,

mi psiquiatra desde ayer

me ha diagnosticado

una esquizofrenia tardía,

mi amor

me ha denunciado

por agresividad emocional.

Va a divorciarse dice

pero me deja a los niños

como consuelo.

 

¿Qué haré sin él?

 

Hoy,

una asociación cultural

de mi barrio

ha pedido permiso a José Ángel

para que pudiese ir

a recitar algo.

Yo escribo cosas

desde hace tiempo,

y mientras estoy en la planta

quieren que escriba

sobre el agua

pero no se me ocurre nada,

solo recuerdo

el color claro de mi orina

cayendo por la barriga

de mi marido,

oscura como el agua del Ebro.

 

Él me ama

aunque me pegue,

yo siempre se lo digo

a mi psiquiatra

que está sentado en la última fila

del centro cívico

donde he venido a recitar

hasta las nueve,

en que tenemos que marcharnos.

Dentro de poco

me pasara a la planta de día

y podré volver a casa

por la noche.

 

¿Qué haré sin él?

 

La presidenta de la asociación

de mi barrio

me ha prometido

que quedaremos un día

para hablar

de lo de mearse encima del otro

y de lo de que me dé por el culo.

Yo no lo entiendo muy bien

pero ella dice

que eso,

es más poesía

que toda el agua

que llevan los ríos.

 

¿Qué haré sin él?

 

***

 

En la primera repisa del dormitorio

hay un principio de realidad

un contrato con la administración

unos hijos

mi colección e libros de poemas

el libro del Principito

una colección de discos de Zarzuela

unos frascos de somníferos

un bolso con pinturetes

un acordeón

un perro

y tres gatos.

 

En la segunda repisa

hay un aliento contra la pared

un marido antiguo

un marido moderno

un amante marxista

una panda de chulos

con sabor a poesía y taberna,

unos focos de quirófano,

una almohada de lágrimas

que nunca se llena

y unos amigos que dejaron su aliento.

 

En las dos repisas

del dormitorio

hay mil costumbres

y dentro de ellas

dos desesperaciones

y un espanto.

 

***

 

Mujer

no molestes.

No me vengas con el rollo

de que estoy

quemando las naves.

y tu manía de hablar en verso.

Me estás jodiendo la ginebra.

No empieces otra vez

con que vayamos a casa,

que para algo

has estado toda la mañana

limpiándola.

Más te valía

cambiar de color de pelo,

ya no tienes años.

Y ese escote...

aquí en la barra del bar

delante de todos.

Te confunden

sí,

te confunden

con una cualquiera,

al final

tendré que partirle la jeta

al camarero

que no deja de mirarte,

por tu culpa

sí,

por tu culpa.

Hace veinte años sí,

pero ahora

ese pelo,

no lo digo por mí

es por los niños

ya sé que no están aquí

pero te desfavorece.

 

Mujer

cállate,

deja de decirme

que voy por la quinta copa.

¿Qué van a pensar

mis amigos

de que me abronques?

Márchate ya

ponerte seria

te pone cara de amargada

y si sonríes

de putita barata.

Venga mi amor,

así,

muy bien

coge el abrigo

márchate

y no llores más.

Acuéstate.

En cinco minutos

estoy en casa.

 

***

 

Me mandaste un e-mail

que decía:

A vez si el jazz

nos libra de la miseria humana.

 

Fuimos a ver

a un tal Wallace Rodney,

un tipo al que no conocía

y que no despertó

ningún interés en mí,

peo me distrajo de la tristeza

de la privatización,

de los planes de distrito,

de conversaciones y reconversiones,

de comisiones de salud,

de la próxima reunión

de los Premios Nobel

por la paz europea de Estocolmo,

de cortes, recortes,

naufragios de pateras,

asesinatos de mujeres

desahucios diarios,

suicidios soterrados

niños muertos y reventados

por el hambre

o por el mar.

 

De nuestra miseria

fue imposible despistarnos.

 

***

 

Sobra comida china en el frigo

o tu manera

de arreglar el mundo

en una tragaperras.

Sobran los mantas negras

deshechos por las mareas

y que resuelves con un croissant

en el café de la esquina.

Sobra que canceles

la tarjeta del bingo

o que decores la casa

con muebles del Ikea.

Sobran los hombres

que rebuscan el pan que tiro.

Sobra el Chanel homicida

que anilla mi cuello.

Sobran los besos

que me das en la cara.

Sobra el tonto

que inventó

los corazones lentos.

Sobra tu soberbia

con sabor a ginebra tridestilada.

Sobra la ropa

que sobra en el armario.

Sobran los niños muertos

en primera plana.

Sobra el rollito zen

de poeta chungo

que me marco.

Sobra que ya me resbalas

y que yo tropiece

en tu charco

de la nada.

 

***

 

Ella notó

el glande en su garganta.

Calla y traga

puta.

Se excitó.

Heroína en el cerebro.

El semen

la sangre

y Kurt Covain

buscaban un sueño.

El cayó

como un dios

para siempre

en el infierno.

 

***

 

 Soy la boca sucia

de la manada

la vida reventada

en plena cara,

el amor

enorme precipicio

el corazón encogido

como cafés cargados

de niños.

 

Soy la boca

en rojo sangre

coagulada en el bolsillo.

 

Sobrevivo

gracias a unos herejes

que me dieron cobijo

y ante mis ojos

dejaron la belleza,

unos versos

y un infinito.

 

***

 

Lo peor no fue

que besaras el cuello

de aquella zorra

ni oír tu risa acompasada

 

esa tarde de domingo.

 

Ni que volvieras

a la casa a recoger el cuadro

de ese pintor caro

que colgamos

en el dormitorio

con los niños.

 

Lo peor no fue

darme por vencida.

Ni acompañar al gato

deambulando por la casa,

ni bajar las persianas

ni descolgar el tiempo

ni destripar el teléfono

entre los dedos.

 

Lo peor de todo

fue tragar el escupitajo

de tu amor

y haber creído en ello

como en algo divino.

 

***

 

Mientras en las clases de historia

no se hable del Socorro Rojo

o del bombardeo sobre Gernika

o de los dos mil fusilados

en la Barranca de Logroño.

 

Mientras en los Juzgados

de violencia de género,

los abogados de una y otra parte,

negocien en las puertas

la pena del maltratador

y la pena de la víctima

por unos doscientos euros.

 

Mientras haya un solo hombre

dispuesto a saltar al vacío,

porque el banco no condona

el préstamo que le hizo soñar

que era un ser válido,

cuando tenía un techo.

 

Mientras los mares

sigan alimentándose

de hombres, mujeres y niños

que arrojamos todos los días

al fondo,

como si fueran anzuelo

de chicharro barato

y que convierten

el agua

en una sábana de sangre.

 

Mientras suene una ambulancia

trasladando a una mujer

herida o ya muerta,

por las manos del asesino

que un día la acariciaba

hasta hacerla creer que la quería.

 

Mientras tú, ella, él,

nosotros, vosotros y yo

miremos hacia el oro lado

pensando

que nada podemos hacer

cuando alguien llama

a nuestra puerta.

 

Mientras levanto la voz en casa

o escucho como me la levantan

repitiendo

mañana la misma historia

y sin pedir perdón.

 

Mientras no mires

el fondo de mis ojos,

mientras no quieras recordar

el día que nos abrazamos

como dos niños,

mientas no quieras creer

que ese momento fue cierto

y podemos repetirlo,

todo seguirá perdido.

 

***

 

Un coche bomba

estalla

en un mercado de Irak.

La radio nos enmudece.

No sabemos cuándo

acabarán las guerras.

Los asesinos

son embajadores de la paz.

 

En ese julio de 2017

han condenado

a 24 activistas saharauis

a penas máximas,

ante observadores

internacionales,

ante la mirada impávida

del mundo,

por pedir la liberación

de su pueblo.

 

Hoy ya

tantos niños muertos

tantas madres muertas

tantas madres vivas

sin ellos,

tantos niños vivos

sin ellas.

 

El miedo se instala

entre nosotros.

¿Qué hacer?

Salir a la calle

manifestarnos

guarda un minuto de silencio

llorar ante el televisor,

recoger tapones

para los niños mutilados,

hacer una asociación

recoger víveres

recoger ropa,

hacerse socio

de la cruz blanca

de la cruz azul

de la cruz amiga

de la cruz aco iris

de la cruz dorada

poner los brazos en cruz

afiliarse a un partido político

a un sindicato

a refugiados sin fronteras.

 

¿Y si nos besamos

y abrimos las manos

y dejamos de castigar

a los imprudentes

y queremos a los tristes

y nos perdonamos

cuando somos torpes?

 

¿Y si se lo contamos a los hijos

a los amigos,

a los vecinos

y lo dejamos escrito?

No podremos cambiar el mundo

pero sí recupera la esperanza.

 

Te estoy llamando, hermano.

¿Nos abrazamos?

 

***

 

Todos tuvimos nuestro trozo de luto

nuestros racimos de lágrimas

y nuestros momentos de abrazos,

cuando a ella la asesinaron.

 

Después de verla por última vez,

después de caminar perdidos

por ese pasillo que formó

la policía científica

mientras pasábamos

y después de escuchar el aldabonazo

de la llave del tanatorio,

regresamos a casa.

 

Entonces empezó el rosario

de nuestros lamentos,

hubo luto, lágrimas y abrazos

para todos.

Nos repartimos el cariño

como alimañas,

los besos

como fieras enfermas, nos unimos

como si el amor

pudiera nacer de repente.

Confundimos la noche con la lluvia

el momento con el encuentro,

lo mezclamos todo.

 

Las prisas por querernos, por ocultar las cosas,

por no nombrarla a ella casi nunca.

Por no nombrarla.

Ella que fue portada del diario local.

Mentimos como perros

cuando todos sabían

lo de su asesinato

en esa madrugada húmeda.

Mentimos como perros.

 

Maquillamos el miedo

diciendo que había niños pequeños,

que debíamos protegerlos,

que mejor

era dejarlo estar.

Y así

dejamos de nombrarla.

 

Con los repartos,

las prisas y los silencios,

llegamos al sinsentido

de nuestra lejanía,

a la separación de todos,

formamos como arañas

un tejido de concertinas

donde cualquier movimiento

era un sangrado

para nosotros mismos.

 

Y tú,

¿cómo caminaste a diario

con el peso de una hija muerta?

¿Cómo eran esos días

donde amanecías sin ella,

o esas noches

donde nunca levantamos el teléfono

para decirte,

¿qué tal estás mamá?


 

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