"La poesía como espacio de máxima libertad

2026-10-04

Mercedes Cebrián

En mi poesía... –nos dice Mercedes Cebrián– la libertad reside en que sé que no la va a leer casi nadie. Lo dijo alguien en una presentación de una editorial pequeña..., que ha publicado libros muy buenos. «Este libro… porque nadie lo lee, pero podían meter en la cárcel a quien lo ha escrito». La literatura contiene transgresión de pensamiento y la poesía igual, pero, como no se va a leer masivamente, todo aquello por lo que se podría acabar en la cárcel se queda ahí, tranquilo. La prosa (o mi prosa) sí pienso que llega a más lectores. Quizá soy ingenua porque luego te leen cuatro monos, pero la poesía directamente la leen dos monos.

La madrileña Mercedes Cebrián Coello es una destacada escritora, poeta y traductora española. Enmarcada habitualmente dentro de la generación de creadores nacidos en los años 70 (la han asociado a la Generación Nocilla, circunstancia con la que no está de acuerdo, aunque reconoce que con ella hay puntos de intersección, como el interés por hablar del mundo contemporáneo), su obra destaca por una mezcla inclasificable y descolocante de géneros que transita fluidamente entre la narrativa, la poesía, la crónica y el ensayo.

Se formó en instituciones como la Universidad Complutense de Madrid, el Birkbeck College de Londres y la Universidad de Pennsylvania. Es firma habitual en suplementos y medios culturales de renombre.

Su producción literaria, por la que ha recibido numerosos premios y reconocimientos, explora con ironía la cotidianidad, los objetos, los ritos del consumo y la memoria social. Autora de poemarios como Mercado común (2006), Malgastar (2016) y Muchacha de Castilla (2019), también ha volcado su interés en la gastronomía en obras singulares, y en diversos ensayos de índole cultural.

Con respeto a su poesía, dice la propia autora: Mi contacto con el mundo poético en España vino gracias a la beca que recibí de la Residencia de Estudiantes para residir allí durante 2 años, entre 2004 y 2006. Yo venía de escribir solamente prosa (relato corto, crónica…), y fue durante mi etapa como becaria cuando entré en contacto con otros poetas jóvenes..., con editores y con poetas reconocidos que pasaban por la institución. A través de todos ellos supe de revistas y editoriales que publicaban poesía. Mi primera publicación fue en una revista online. Después recité junto a mis compañeros en la Residencia, y más adelante ya publiqué poemas en un libro “transgénero” que incluía también relatos, El malestar al alcance de todos.

El crítico Ricardo Senabre ha comentado sobre su obra: He aquí una escritora con notables dosis de originalidad. Entre los autores... Mercedes Cebrián... destaca por ajustarse más que otros a uno de los principios canónicos de la literatura: la facultad de ofrecer ángulos nuevos de la realidad, miradas imprevistas y asociaciones verbales capaces de lograr aquello que Fernando de Herrera atribuyó a la poesía como algo primordial: que, merced a la especial manipulación del lenguaje que el autor practica, las cosas comunes parezcan nuevas.

Pues, para comprobarlo, acercaos a estos poemas que os he seleccionado, y hacedlo también en su web https://www.mercedescebrian.com/:

Mal tenis de mesa; mal uso de la raqueta. La pelota

cae al suelo todo el tiempo. Frío dentro

del calor, como el helado de un restaurante chino

refrito en la sartén, frío en el interior

de lo que me vendieron como confortable: si se tratase

de un anorak de plumas podría denunciarlos

por estafa.

 

***

 

Explicado a los niños

 

Hay una ropa específica

para dormir. Lleva

un nombre específico

también para dormir: camisón o pijama.

 

De igual forma, existe un tejido concreto

para estar en la cama sin dormir -y cuando digo

esto no me refiero

a insomnio; ejercer el deseo

no es una forma

de insomnio.

 

Esa prenda específica

que inaugura el deseo lleva

el nombre de piel, pero eso

lo sabéis: sois niños,

no marcianos. Seguro que una vez, o más de una

o tres o incluso cuatro,

probásteis el deseo

con vuestros compañeritos

d colegio. Seguro

que le habéis dado un nombre

cercano a la cosquilla, un nombre coloquial

exento de jadeos -conocéis el jadeo, el decibelio

en el poro del adulto.

 

(Te doy un chicle hinchable

si me cuentas

cómo llamáis vosotros al deseo).

 

***

 

Derecho a la información

 

En virtud del artículo 20 de la Constitución del 78

no han de ocultarnos lo que sucede

a nuestro alrededor y sin embargo yo sólo puedo

intuir, mirar por la mirilla desde fuera,

pensar que quizá sí o quizá no,

sumar las pistas, honrarlas como añicos

de una vasija griega, exhumar

los rasgos de esa cara con la que me topé

en plena excavación.

 

El testimonio oral me ayudaría tanto

a la reconstrucción, porque no creo en los cuerpos

sino en su parloteo, en el dispositivo que produce la charla.

 

Alguien me dijo un día: «no te vuelvo a contar nada

porque después te acuerdas

de lo que te conté».

Pensé que eso era bueno y resultó

que no. «Es como si un análisis de sangre,

de tan exagerado, se hubiese convertido

en transfusión». Esa fue su respuesta.

 

La explicación no se parece en nada al tenedor

que pedimos al ver unos palillos en la mesa.

Si finalmente llega, el asunto es más bien

qué hacer con todo eso. La información la imagino

caliente y en la mano, como esos polluelos

que se caen por error del nido tras nacer. Si son

puro temblor, si son muy feos. Me recuerdan a mí,

con el pico muy abierto

en busca de algo más.

 

***

 

Empotrar; retarimar; clavar

a la pared, al suelo, al falso techo.

La opción de encargar muebles: ya elegisteis,

ya no hay queja posible.

Sobre estos baldosines edificaré

mi iglesia.”

 

Pensad en la disposición de las literas

del cuarto de los niños. Llorad el cabecero,

sujeto firmemente a la pared. Culpad

a la persiana. ¿Cómo fue

tomar la decisión?

“Alguien tiene las llaves de la vida

portátil.

 

La huida es contemplable

pero tened en cuenta la madera, la operación

inversa a la madera, los verbos empleados

en todo ese proceso. Las herramientas

serán semivisibles, tanto o más

que al principio

Nada hay más peligroso que una flecha

sin punta.

 

El sillón de papá es quien le otorga

sentido a todo esto, a la cisterna

y a la permanencia. Larga vida al sillón

de papá, a pesar de sus muelles vencidos, a pesar

de su asiento infrautilizado

–el sacerdocio femenino

no se ejerce en la urdimbre

de su tapicería.

 

La descendencia, en cambio, sentada sobre un suelo

de tarima flotante, sentirá todo el frío

después en los riñones.

(La vida sedentaria, así la llamarán.)

 

Éste no es mi lugar, al menos mis vecinos

controlan sus esfínteres. Me voy,

con ellos y hacia ellos, me voy

hacia los músculos. Todo lo hemos aprendido

de ellos, de los músculos.

 

Mirad, si abro la boca veréis dentro

un hotel: la cama está deshecha

todavía. Pronto me cambiarán la sábana

de abajo. Acaba de llegarme una noticia horizontal

y enorme: abrieron un IKEA

en Jerusalén.

 

***

 

No se quiere a la gente, lo que se quiere es el invierno

de la gente: sus alfombras, sus mantas de franela,

sus radiadores siempre bien purgados.

Y fuera, la tormenta,

inimitable de tan amarilla.

(Parecen elefantes barritando

y en realidad es el viento, es la versión

acústica del Arca de Noé).

 

***

 

Cartografía evidente

 

El mapa informa de agua, así como el pan

informa de aceite y de tomate

sobre la superficie de su miga. El aceite precisa

de algún punto de apoyo, de ahí el mapa, que localiza

todo lo oleaginoso mediante dos aceitunas

negras, lo petrolífero por medio de una torre

metálica y lo vitivinícola

a través de un racimo.

 

Del mapa no aprendimos a saciar nuestra sed

con líquidos erróneos, y digo el líquido en plural

aunque desde hace tiempo no surjan nuevos lagos

ni se inauguren ríos

―hambre y sed mal saciadas figuran

en la cartografía de algunos

escolares.

 

Lo mapable es inverosímil si no posee una zona

sobre la que fijar el dedo

índice. Si no nos quedan dedos para decir

ahí estuve yo, lamer el mapa entonces

es la única vía

para delimitar la palabra terreno

 

***

 

Bipartita

 

De las sirenas, sólo me interesa

el punto en el que la columna

que las vértebras

abandona lo cálcico

y se transforma en raspa.

 

El momento en el que el hueso de siempre

pasa a ser

……….hueso blando

……….de pez (casi cartílago)

en una transición

pacifica, y la sirena de ademanes

nórdicos, de ausencia de jersey grueso

de lana,

enuncia a ser persona

sin grandes aspavientos

 

—yo a la altura del cuello

ya habría renunciado—,

y ante los ineludibles

picores en lo humano, utilizaría las concisas

aletas con no mayor dificultad

……….(seguro)

que las extremidades actuales,

que son, por este orden, los brazos

y las manos.

 

***

 

Futuro del páramo

 

Mira el páramo carente de universidades

prestigiosas: está pidiendo césped, está pidiendo

campus fuera de toda lógica.

 

Lo nombraremos campus y vendrán a formarse al páramo

los jóvenes,

 

y todo un sistema

de canalización funcionará

en homenaje a ellos: griferías, cisternas y llaves

de paso.

Y el agua (la fría y la caliente) llegará

a las duchas del campo de deporte

y se dirá en latín Corpore sano y el alumno

se matriculará, mirará hacia el futuro y llevará

zapatos. No pisará matojos ni maleza

el alumno

—el páramo será desbrozado

y parecerá otro, completamente

otro y verde y además los estudiantes de posgrado

no dormirán durante varias noches vigilando las células

y su comportamiento, y finalmente “eureka”:

en una dimensión ajena a lo académico, el páramo

eclosiona, sí, en forma

de gigantesco cactus, con raudales

de líquido verdusco en sus hojas

carnosas. Y ahí nos preguntaremos: ¿quién

ha traído todo

ese líquido nuevo pero de muerte

al páramo?

 

***

 

Clientela

 

Me sigue sorprendiendo

que podamos pedir

lo que en lo restaurantes llaman

“naranja preparada”, una naranja sin piel,

partida en finas rodajas y dispuesta

estéticamente en nuestro plato.

(La naranja cuesta allí

cerca de treinta veces

su precio de mercado: pagamos el exceso

a cambio del reposo de tendones

y músculos pequeños).

 

Tras la puerta oscilobatiente de la cocina

una persona dedica su jornada

a transformar la parte gruesa de la zanahoria

en una especie de flor

de pétalos tenaces

para que la elogiemos y no

nos la comamos.

 

Lo visual no se digiere bien: si he de fijar la vista

en esa flor estúpida necesito abombar

con calma el cristalino.

No podemos cambiar el parpadeo

por naranjas o flores.

 

***

 

Noto cómo me rozan el progreso, el liderazgo, el éxito

y, sin embargo, si hubiera aquí un banquito me sentaba

a mirar, a ver pasar a gente que entra y sale

de sitios. Aquí ninguna mujer

es mi madre o mi tía, ninguna lleva una blusa envuelta

que recogió del tinte: todas tienen

mucho que hacer después, incluida yo misma

y aun así

pido disculpas por mi poca productividad: no solamente

no dejo propina en el café al que voy

sino que robo

las monedas del tarro de cristal que está junto a la caja.

Con disimulo dejo caer al fondo dos botones

de nácar. Escuchan el sonido y dicen Thank you.

Después, cuando los ven, esperan que algún día

aquello se convierta en divisa

de curso legal

 

***

 

El abrigo de paño gris oscuro

forjó la idea de Europa —nos subimos

el cuello por detrás si refresca

más de lo que esperamos. Ahí se ve

su parte más innoble. Milán es un ejemplo,

agazapada bajo las solapas

de la famosa Italia.

Viena o Milán. Probablemente invierno.

 

(Pero si solo faltan dos paradas, no merece

la pena que te subas a Europa).

 

***

 

Aeropuertos

 

El aeropuerto, sí, pero el aeropuerto

de la provincia, el aeropuerto de vuelos

prescindibles, el aeropuerto para la transacción minúscula

y para el apretón

de manos

que sella un pacto enclenque.

 

Aunque hubo un antes previo al aeropuerto

de la provincia,

 

se valoraba el brezo, se valoraba el saludo

al kiosquero

 

se siente ahora orgullosa, la provincia, de su tráfico

aéreo y de su fuselaje.

 

Mírala disfrutar de la elegancia

de sus despegues, de la altitud miserable

que alcanzan sus aviones.

 

Crece con su aeropuerto la capital pequeña

como crece el tumor incontrolable hasta hacerse

metástasis,

hay fauna y flora autóctonas

adheridas al tren de aterrizaje y es literal

el modo en que se toma

tierra.

 

Nunca una despedida amplia

en el aeropuerto de la provincia: el adiós

abarcable tiene más bien que ver

con un juguete ausente.

 

***

 

He aquí la sonrisa que no va a ningún lado. No se dirige

a nadie pero se deja puesta en caso de emergencia.

El reloj no me dice cuántos meses

he de permanecer aquí:

está especializado en un paso del tiempo

de pequeño tamaño.

Llevo una sucursal del siglo diecinueve

en la muñeca izquierda: solo me ofrece horas,

minutos y segundos. Aquí no me da tiempo

ni a estar muerta.

 

Hoy va lento internet.

 

***

Me habéis visto vivir, tropezar en ese idioma vuestro;

me disteis un confort muy similar

al de una manta eléctrica. (España a cambio

os cedió su verano). Y me diréis ahora

qué hacer con los adaptadores, con las series de humor

y las cubreteteras.

 

***

 

Rechinar de dientes

 

Llegan buenos o malos tiempos y en forma

de qué llegan, ¿quizás como tormenta

que arma gran polvareda, o como una ventisca

o un polvillo suave

que se mete en los ojos? Definitivamente,

los malos tiempos se instalan muy adentro y ya

ni te permiten

–como decía Rabindranath Tagore

desde un poster de infancia–,

ver las estrellas. Hoy son tan pocos

los que saben de estrellas y de constelaciones;

yo las confundo

con naves espaciales siempre que miro al cielo

en plena madrugada.

 

No importa entonces que nos ciegue la arena

fina y constante de los malos tiempos. Los buenos

tienen distinta forma de acercarse a nosotros.

Sólo el Apocalipsis se presenta

con su timbre estridente. Ahora no sabemos

qué tiempo llega y cómo: no avisa

cuando viene, no nos anuncia jamás sus intenciones.

 

Me acaba de llegar esta noticia: soy yo la inanimada,

la sin boca ni cejas. Se me ha desdibujado

la colección de rasgos: apenas los usaba.

Es el momento entonces de emigrar

al nuevo exoesqueleto.

 

***

 

Venimos siendo carne

picada últimamente, y no es del todo malo

que así sea. Albóndigas, salchichas,

hamburguesas: es increíble

la versatilidad de la carne picada.

Sirve como relleno y al tumbarse sobre ella

nos resulta mullida.

 

¿Qué opinas de parecer largos fideos rojos?

Si hay un próximo encuentro entre nosotros, será

en ese formato. Buscar ojos y bocas en las caras

es una práctica del siglo diecinueve, hoy la expresividad

procede de los leves matices del rojo

en el músculo muerto.

 

***

 

Como por arte de magia

se ha curado la niña, su cuerpo

está libre de úlceras y ahora

puede andar, como una muñeca

a pilas. Donde ayer hubo calvicie

hoy nace pelo; eso es también milagro

y se considera

positivo. Es bueno que ande

la niña, aunque nos preguntemos

para qué y sobre todo, ¿hacia dónde camina?

¿Y qué nos dice el pelo con su crecimiento?

 

***

 

Qué cómo sé que vivo en un pisapapeles

de forma semiesférica? Porque cuando me agitan

caen copos de corcho blanco sobre mí, porque respiro

un líquido dudoso (ni agua ni leche ni licor), porque rozo

la bóveda cada vez que me animo

a levantar los brazos.

La realidad no sé dónde obtenerla. Diría que procede

de una planta: a veces puede ser medicinal.

Probablemente mi madre me la metió a la fuerza

por la boca llamándola jarabe (la cuchara sopera

es la socia más fiel de lo real).

Tan palpable como la munición

que guarda el terrorista en ese piso franco

es su amable saludo matinal

a los vecinos del bloque de viviendas. Máquinas de existir,

él y nosotros, en el pisapapeles de la vida agitada.

Buenas tardes, señor, qué tal le va. La goma-2, arriba,

en la alacena.

 

***

 

Ciudad pronto (ya mismo)

 

Al final, lo redujeron todo

a extrarradio

y quitaron en centro.

 

Yo he conocido el centro: sonará cacofónico

pero el centro era atrezzo, decorados variables -cerraron este bar,

abrieron una agencia de viajes- para un estrellato

modesto, adaptado a nosotros.

 

Su armazón invitaba al titubeo, permitía

el no saber qué hacer con el futuro que te habían

depositado entre las manos como un paño caliente

de restaurante chino después de la ternera

con bambú -al final aprendías

a limpiarte con él, aprendías

a manejar esa pieza de felpa, enrollada

y ardiendo, que borraba las huellas de lo pegajoso.

 

En cambio el extrarradio

lo sabe todo

desde la perspectiva de sus zonas

insultantemente ajardinadas.

 

Me acuerdo de un juego con tablero,

un juego de la infancia: árboles, casas, coches,

muñecos de sonrisa obligatoria. Vidas con un recorrido ya trazado.

con transacciones comerciales ya organizadas,

con decisiones ya tomadas por otros para ti

en los cartoncitos de las preguntas.

 

Como en el extrarradio: calles con nombres de flores

todas juntas. Planetas

todos juntos, pintores agrupados

en otro sector

(la palabra sector es muy frecuente).

 

Nunca un río con una actriz difunta,

y menos un escritor con un volcán.

 

***

 

Tres acercamientos a otras generaciones

 

I

 

La Asociación de Amas de Casa Viudas

de Campo de Criptana

somete a votación

el hecho de ir a Huelva

o a La Manga en agosto.

 

Doce manos alzadas a favor de La Manga,

ocho en apoyo de Huelva.

 

Me conmueve hasta dentro su microdemocracia

manchega -muchas nacieron antes del 33, año en que se implantó

el voto femenino en España-,

ese impulso inconsciente

que les lleva a apuntar con el dedo el gotelé del techo, por otra parte

la urna más sincera.

 

(...)

 

III

 

Ayuda a los ancianos a recargar el móvil,

a manejar el mando de la televisión.

 

No tuvieron acceso a juguetes didácticos, se educaron

en la pedagogía de una harina muy basta

- la boca tan reseca

para cualquier amago de opinión.

Ayúdales tú hoy a comprender los aparatos negros,

presagios de ataúd: queda tan poca arena

en el reloj digital del equipo de música

 

***

 

La paciencia

nos estalla en las manos. No hemos sido invitados

a conmemorar: habremos permanecido largo tiempo

aquí, con el alivio del que conservó la movilidad

de las piernas. Habremos conocido la democracia

tanto como el aceite. Alguien está filmando

ya

el documental

de toda esta certeza.

 

***

 

Pero si son muñecos

 

Mamíferos es lo que buscamos, muñecos

de sangre caliente con ojos que miren

y boca que mastique. Que parezca

que algo les late dentro. El exterior, que sea

de pelo suave. La nariz

es quizá lo de menos. Con eso

funcionamos, o incluso con peluches

que hayan estado un rato cerca del radiador.

 

Qué haremos cuando sólo nos quede un caramelo

de los que dejan la garganta suave.

En esta caja llevo el último: has de saber

usarlo como bálsamo. Pues justo así es la vida

que me queda, o así la siento al menos al chuparla,

como ese caramelo que en la boca

se escurre como un pez.

 

***

 

El pueblo pide

 

El pueblo pide cursos de alfarería,

libros a todo color

sobre el Egipto faraónico.

 

El pueblo –luego vemos qué es “pueblo”-

prefiere jeroglíficos del Imperio Nuevo

a videoarte de imágenes borrosas.

 

Aquí va mi polémica definición

de pueblo: aquel cuyo abono mensual

se atasca con frecuencia en el torniquete

del metro

y esto le obliga

a chasquear la lengua.

Pero, me dirán muchos, abono mensual atascado

no implica desinterés hacia Rimbaud

(Y aquí surge la duda de si pantalla plana de casi seis mil euros

muestra mayor o menor

afecto hacia Alban Berg que radio sólo AM y ni siquiera estéreo)

 

Yo veo al pueblo acudir a exposiciones,

se le hinchan las piernas del calor pero aun así hace cola,

se abanica ayudado por revistas carnosas

que le entintan las manos

 

(El Tractatus no entinta. O mejor:

¿Cuántas veces ha de leerse el Tractatus

para dejar un amago de huella

en nuestros dedos?)

 

Dejadme visitar la tienda del museo

con vosotros, envidio esa dosis de ilusión

ante los posavasos en forma de reloj

blando

que veo en vuestras caras.

 

***

 

Oremos por el Barroco Europeo (que levanten la mano

sus copropietarios), oremos por nuestros pasaportes,

a todas luces mejores que los vuestros. Oremos

por lo bueno, para que mejore todavía

más. Aprendí que lo bueno se situaba

arriba, lo malo más abajo: Viena encima

de algo, por ejemplo. Conozco al menos seis

realidades más temibles que ésta. Se curvan todas ellas

hacia abajo, hacia lo posterior

al pasaporte.

 

mira, ese grupo de ancianos ha vivido de cerca

el desembarco

 

Aquí estamos a salvo, en nuestro territorio

la fuga es solamente una forma

musical. Cuando comience

nos refugiaremos

en el interior de una orquesta sinfónica.

Oraremos entonces por Salzburgo

y por el Clasicismo, por la casita

de Wolfgang Amadeus, por su cama

minúscula y por el clavecín

donde compuso la Pequeña

Serenata Nocturna.

 

Todo está pavorosamente bien

afinado

aquí. Casi todos somos

excelentes chelistas, nuestras misas

de réquiem son vertiginosas. Que levanten

la mano los propietarios

de Jean Philippe Rameau, los dueños

de Corelli, los beneficiarios

de la obra de Bach.

 

ahora Alemania nos trata con educación

 

Oremos para que algo sueco o noruego

nos ocurra, se pose sobre el suelo y haga

brotar una segunda voz.

El sonido, al igual que la carne, es necesario

saber de dónde viene. Oremos

por nuestros países, para que respiren

siempre hacia lo más

alto, para que lo que escupan

nunca parezca sangre.

 

***

 

Población flotante

 

2

 

Estábamos teniendo una suerte

catalogable como ancha, rozábamos

la vida dilatada,

 

nosotros, que ascendimos hasta el tuteo

a los padres

 

el matrimonio

civil era una realidad, y todo el desparpajo y el clima

que nos disteis lo son también ahora.

 

El futuro ya es blanco

y está hervido, en eso se parece

a nuestra cena: se puede

masticar sin la ayuda de los antiguos

                                                       dientes.

El ruido, cuando sea, será

ruido de acelga, desaparecerán Ceuta

y Melilla, pasearemos por parques

agostados que llevarán el nombre de nuestros

ex ministros. No quedará ninguna dioptría. Ahí

nos astillaremos (la astilla hace mención

a un material antiguo), ahí la silueta

vertical del cohete no apuntará

hacia el logro (cohete es también

una palabra

más o menos antigua).

 

La población flotante no decide, no sabe

desde dónde le llegan los abrazos, el desamparo ocurre

en forma de regalo de empresa.

Las cosas nos van

                                                                      bien

en el idioma de esta situación. Es el término

medio lo que hemos digerido, al igual que el filete

que obtuvimos de él; por algo fuimos capaces

de un metabolismo.

 

nosotros, que visitamos la cabina del piloto

en nuestro primer vuelo

 

La paciencia

nos estalla en las manos. No hemos sido invitados

a conmemorar: habremos permanecido largo tiempo

aquí, con el alivio del que conservó la movilidad

de las piernas. Habremos conocido la democracia

tanto como el aceite. Alguien está filmando

                      ya

el documental

de toda esta certeza

 

***


 

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