"Creadora y jugadora de letras y palabras

2026-11-01

Mart Navarro

La zaragozana Marta Navarro García es poeta, narradora y articulista (En mi DNI debería poner: poeta, animalista, bloguera y vegana). Tiene publicados unos cinco poemarios (alguno premiado), ha participado en diferentes antologías y ha publicado poemas en distintas revistas culturales y literarias. Además, ha participado en libros colectivos junto con otras poetas. También escribe artículos en varios diarios y revistas feministas.

Edita y escribe activamente en su blog de cultura y actualidad, titulado Entrenómadas (https://entrenomadas.wordpress.com/ ).

Su obra destaca por su enfoque combativo, feminista, ecologista y de defensa de los derechos de los animales. Su estilo poético es frecuentemente descrito por la crítica especializada como una lírica ingeniosa, dotada de un fuerte aliento libertario, solidario y agudamente crítico con las injusticias sociales.

Esa crítica dice de ella que es de las plumas más contundentes y de las que redondean más y mejor cualesquiera de las creaciones que lleva a cabo, una escritora que concuerda mucho con su día a día como persona que desgrana sus comportamientos y maneras de ver, entender y sentir la vida, hace de la escritura su arma reivindicativa y su razón de ser en todas dimensiones.

En una entrevista dice Marta:

Un poema que conmueve es un poema donde las palabras guardan un faro de luz. Hay textos bellísimos que, sin embargo, no llegan al corazón. La técnica no hace milagros, no te susurra al oído. La capacidad de conmover me parece un misterio que merece la pena descubrir y disfrutar.

Y en otra nos dice:

Lo único que sigo haciendo es aprender. Por eso leo cada día, leo a otras poetas, o a otros autores y autoras, para mí es vital aprender de los demás. Si tengo algún método es el de leer y disfrutar de la poesía...

...no me considero nada y me considero un poco de todo... Proyectos de este tipo me interesan mucho, divulgarlos, separarse de la poesía yoísta y de metacrilato. No me gustan las etiquetas, no me abrigan, me dan más frío que otra cosa. De la única etiqueta de la que me siento orgullosa es la de “Voces del Extremo”... Los y las poetas que forman ese grupo son oxígeno puro.

Pero adentrémonos en su poesía, para empezar, con estos textos que os he seleccionado, navegad por su blog y, si os convence, leed sus libros.

Sueños

 

Sentadas sobre inviernos prestados

las amigas conversábamos

alrededor del fuego y de la nieve.

La pequeña Liuba repartía

palabras mojadas en café.

“¡Amigas para siempre, para siempre!”

Lo repetía una y otra vez.

Su voz se deslizaba sobre las horas áridas y arrugadas.

 

Pasó el tiempo con sus doctrinas cotidianas,

sus vaivenes, embarazos y divorcios.

Poco a poco la distancia entre nosotras

se hizo espejo.

Sólo perduraron

las postales de Navidad

con las palabras de la pequeña Liuba.

Daba igual dónde estuviera ella

o dónde malviviera yo.

Siempre había un ¡amigas para siempre!

en el buzón de casa.

Más tarde,

una maldita mina de veinte dólares

le hizo agujeros en la lengua

y sus ojos de caramelo senegalés

se perdieron en un país sellado

por misiones de paz.

Sobre inviernos prestados,

un día las amigas soñamos

con palabras mojadas en café.

 

***

 

Nosotras

 

Cualquier día, nosotras,

a menudo invisibles

por los siglos de los siglos,

en lugar de negociar cuotas,

raciones de respeto,

u organizar cientos de homenajes tardíos,

ocuparemos los asientos de nuestras vidas

sin pedir permiso,

sin el visto bueno de la historia.

Cualquier día, nosotras, silenciadas

por los siglos de los siglos,

en lugar de comprar un libro,

un coche, un champú,

un bocadillo o un bonobús,

compraremos un mundo

y os devolveremos el vuestro.

El que habéis convertido en finca privada,

en apartheid milenario.

Y nuestro mundo

será un mundo con curvas o sin curvas,

un mundo rizado o liso,

con tacones o con zapatillas,

un mundo lleno de ríos,

de bosques, de plazas, de derechos,

todos los derechos que quepan

en nuestros bolsillos,

en nuestras cabezas,

en nuestras vidas.

Derechos cavando fosas

sobre los privilegios.

Y si los dioses de cualquier religión

vienen a instalar su franquicia de eterna culpa

o reclaman su ilegítimo poder

sobre nuestros cuerpos,

les cerraremos la puerta de la sinrazón

y haremos que coman de nuestra mano

las uvas sin ira.

Y si la tristeza saca sus uñas

de lunes lluvioso sobre los días,

haremos de nuestra comunidad

la mejor trinchera,

una trinchera multiétnica y multiética,

multigénera y multifeliz.

Cualquier día, nosotras

borraremos del diccionario

las palabras: víctima, agresión,

invisible, machista, golpes, minuto de silencio.

Cualquier día, nosotras,

en lugar de encender una vela tras cada funeral,

ocuparemos el mundo

donde volver a ser quienes fuimos,

un mundo donde no será necesario

hacerle el boca a boca a nuestras vidas.

Cualquier día, nosotras

desde nuestra ventana observaremos

el fin de la violencia

como quien observa un glaciar milenario

ardiendo a la deriva

y tal vez,

tal vez os tendamos un puente.

El único puente posible para llegar al otro lado

del mundo.

El puente de la igualdad.

Cualquier día, nosotras.

Cualquier día, el mundo.

 

***

 

Ecosistemas (o El Evangelio según el FMI)

 

El día menos pensado el presidente del FMI

y algún organismo internacional culparán

a valles, bosques y montañas de socializar

oxígeno puro entre la población.

Dirán que son narcotraficantes de la naturaleza,

peligrosos ecoterroristas

y les declararán la guerra en nombre de la libertad.

Los culpables serán convertidos

en muebles de diseño

o en mercancía de tiendas suecas.

Nada es gratis y mucho menos vivir en paz.

Sirva la presente notificación como advertencia

para mujeres,

animales

hombres

y

bosques.

 

***

 

Privatizar

 

Cuando empezaron a cerrar centros de salud por la tarde

no protesté,

porque tenía las mañanas libres.

 

Cuando aprobaron

las Nuevas Formas de Gestión en Sanidad,

no me preocupó,

porque soy moderno y me gustan las novedades.

 

Cuando negaron la asistencia sanitaria a los inmigrantes,

no protesté,

porque yo soy de aquí.

 

Cuando decidieron concertar camas

en la sanidad privada,

no protesté,

porque tengo una salud de hierro.

 

Cuando suprimieron los servicios de ferrocarril convencional,

no protesté,

porque no vivo en un pueblo aislado.

 

Cuando quitaron las becas en los comedores escolares

de la escuela pública,

no protesté,

porque no tengo hijos.

 

Cuando adjudicaron hospitales

hasta treinta años prorrogables

a empresas inmobiliarias, bancos y fondos de inversión,

cuando metieron mi salud en su burbuja,

quise protestar,

pero para entonces

habían privatizado las protestas.

 

Ahora busco a alguien que me ayude

a defenderme de los privatizadores,

pero ya no queda nadie sano.

 

He aprendido bien la lección:

Hay que romperle los dientes al sistema

antes de que nos venda sus muelas de oro,

antes de que las alimañas nos arrastren

a su cueva de sobres y crucifijos,

antes, mucho antes de que conviertan

en hemorragia nuestros derechos.

 

***

 

La transición de las lagartijas

 

Nos vendimos poco a poco.

Nos compraron mucho a mucho.

Primero el viejo pantalón con olor a vermut y café

se convirtió en ropa albina,

más tarde la costumbre de habitar en las tertulias y los amigos

se transformó en citas a ciegas

y en largos tragos de tequila y cuchillos.

El trabajo voluntario de la asociación,

pasó a ser el de asesor del concejal de juventud,

o de cultura, o de bienestar social,

o de parques, dinosaurios y jardines:  Puro metacrilato sin fronteras…

Los sueños de mayo se esnifaron

junto a la comida blanca

y las contraseñas clandestinas pasaron a ser

portadas de prensa obediente.

 

Cambiamos el viejo álbum familiar

por escaparates de neón.

Nos comimos la mejor luz,

la de la esperanza,

y acabamos vomitando espejos

en la barra de un bar sin nombre y sin recuerdos.

 

Con la piel rizada y sin prejuicios anidamos

en las espesas caderas del poder.

Hasta que un invierno desbocado,

nos despertó la voz de nuestros antepasados

y descubrimos cómo el poder de la nada

lo devora todo,

lo cambia todo.

 

Los sueños por marketing,

la honestidad por negociación,

la igualdad por cuotas.

Gramsci por Paulo Coelho.

Y así, sin darnos cuenta,

el paisaje cálido y generoso

de los sueños llegó al matadero de las utopías,

ese lugar que un día inauguramos

entre copas y rosas huecas.

 

Todo lo que queríamos ser y hacer

se perdió en los bolsillos,

se las tragó una democracia imperfecta,

llena de estadísticas y sin luz.

 

Una democracia

llena de pájaros de hojalata.

Nos vendimos lentamente

y por nada.

 

***

 

Geometría de una tarde inhóspita

 

Rosas y lagartijas pasean su orgullo por mis venas.

El sol tendido sobre tu espalda nos sonríe.

Sabe que los pistoleros de la infancia

siempre disparan contra los guardianes de la memoria.

Abro mi estómago y decido limpiar su calendario.

Hay demasiados nervios escondidos en la guarida.

Demasiadas mariposas atrapadas en líquidos

poco románticos, nada semánticos.

En el hospital con nombre de culebra,

los cirujanos afilan sus espadas

para sacar de mis venas cientos de rosas y lagartijas.

Y yo aún no sé si quiero vivir con ellas o sin ellas.

Demasiadas dudas para una tarde inhóspita.

Última parada: Hotel Silencio.

 

***

 

Nidos

 

La cálida voz del pan

nos aleja de los días errados,

de los fríos vestíbulos

donde naufraga la imaginación.

 

Hay rumor de tormentas

en esta noche de dictadores invisibles. Hay rumor…

Otra vez la adolescencia

con su incertidumbre

y su aroma de alquitrán alza el vuelo

a paisajes invertebrados, húmedos y gélidos.

 

Hay rumor de invierno en tu falda

en tus cartas, en tu boca. Hay rumor…

Sólo la cálida voz del pan

nos ofrece palabras y protección.

En su lengua anidamos.

Allí estaremos por un tiempo.

 

***

 

Dirán

 

Dirán que no nos pertenece la lluvia,

ellos que ven una nube y ya están vendiendo ríos

a los náufragos.

 

Dirán que la historia ha terminado,

mientras cientos de huesos rotos siguen aullando

en las cunetas.

 

Dirán que los días tienen demasiada luz

y oscurecerán las horas

con sus ojos de cementerio.

 

Dirán que la comida es gratis

y llenarán tu plato

con la ceniza del último bosque.

 

Dirán que el dolor no existe,

mientras un rumor de vendas

muestra el mapa de todas nuestras heridas.

 

Dirán que dos y dos son cuatro,

cuando tú y yo sabemos

que dos y dos pueden ser cuatrocientos,

cuatro mil, cuatrocientos mil,

si nos lo proponemos.

 

***

 

Noches salvajes o Leopard’s dreams

 

La ausencia de recuerdos

y de noches sin lengua

es el orgullo de esta ciudad

de ocho letras y cien laberintos.

Desde sus palcos salvajes

los leopardos sueñan con otros mundos.

 

Entre juegos y sospechas azules

un otoño atrevido se pierde

en tus labios de alquimista.

Los leopardos miran al cielo

y suplican una tregua.

El tiempo poco a poco deja

de ser el aliado

de las serpientes.

 

Desde la azotea,

veo a Saturno devorando a sus hijos.

Los amigos apagan la luz

y esperan un milagro.

El resto es cosa de dioses y ciudades.

 

***

 

Taormina: roja ciudad de sueños de seda

 

Regreso a Taormina,

a la intimidad de sus calles,

a su agitada respiración

de amante sorprendida,

y a esas acaloradas citas a ciegas

en el Wunderbar, tras largos vasos de martini,

con el sudor rubí en la cintura

y el deseo trenzado

sobre infiernos de seda.

 

Amo Sicilia,

amo ese aroma

a hierro candente

que se derrama por el valle,

prende los rastrojos del camino,

y aviva la lujuria del turista más gélido.

Mi cabello irlandés se enciende

hasta estallar en rizos febriles.

 

Cuando el Etna despierta,

deja un rastro de lava enfurecida

y sus venas abiertas nos muestran

un paisaje rebelde, extraño, enigmático.

Como una lengua en celo,

la isla gime pasiones y delirios.

Volcán de volcanes,

piedra tallada en noches sin máscaras.

 

Amo esas horas tórridas

en las que yo no soy yo,

y mi ausencia es locura a borbotones.

 

***

 

Pequeños placeres

 

Amigo,

esta luz

que palpa mis mejillas

y me rodea con dedos

de lencería húmeda

tiene el sabor

del placer soñado.

Recorre mi cuerpo

ahuyentando fantasmas,

descubre horizontes de gemidos,

y mima los deseos más íntimos.

Amigo,

elijo este país para perderme

en sus islas de jade líquido

y agua seca.

 

***

 

Tarde de invierno

 

La cama revuelta,

dos copas vacías y un rastro de champán

sobre el sofá. Debió de ser allí

donde el sujetador se independizó de mi cuerpo

sin referéndum alguno.

La rapidez de tus manos rompió el vértigo

de nuestra primera cita

y de los corchetes del wonderbra.

 

En el hotel impartían una conferencia

sobre “las cien formas más rápidas

de conseguir la felicidad”.

Aquella tarde tu boca se perdió entre mis piernas.

Tengo que averiguar si alguna

de las sugerencias del conferenciante recomienda tu lengua…

 

El resto fue una suite de Bach rompiendo

la guitarra de Jimi Hendrix,

hasta que tu marido primero

y después el mío

llamarón al móvil pidiendo instrucciones y respuestas.

Que si el pequeño no quería cenar verdura

que si a la mayor se le había infectado el labio

con el nuevo piercing.

 

¿Dónde está la salsa de tomate?,

¿y la mercromina?,

¿a qué hora vuelves de la reunión?

Al escucharle,

se te cayó el mundo a los pies,

y a mí me dio risa verte así,

tan frágil y tan fuerte al mismo tiempo.

Tan cerca de mí,

pero tan lejos.

 

Un café, deprisa,

que nos suban un café, me dijiste.

Y nos subieron por error

otra botella de Moët Chandon que nos bebimos

entre sales de baño y confesiones.

 

Cuando desperté,

tu perfume seguía danzando por la habitación.

Sobre la mesa un café frío

y una nota cálida.

«No he querido despertarte.

¿Nos vemos el jueves?

Conduce con cuidado.

No sé si te amo,

pero sé que te necesito.»

La Victoria del Heno.

 

***

 

Escondida

 

Escondida tras mi sombra,

veo como los pequeños

deshollinadores de la noche

abren las compuertas

de nuestros sueños

y dividen la esperanza

en cien partes iguales.

Atrás queda el carbón de los dioses,

el musgo de los domingos

y el café en las venas.

 

El cáncer fiel

de las palabras rotas

se aleja de mi boca

dejando un rastro de mercenarios en paro.

 

***

 

Panes y rosas

 

Queremos el pan, pero también las rosas.

Queremos bailar bajo la vía láctea

y no arrastrar el mercurio de una jornada interminable

que afila su guadaña sobre nuestras nucas.

 

Queremos tiempo para saber qué hacer con él,

para saber a qué huele,

a qué sabe.

Queremos tiempo para vivirlo,

para comérnoslo,

también para matarlo.

 

Queremos el pan, pero también las rosas,

queremos el mundo que se esconde

bajo este naufragio de telas encadenadas,

de horas turbias,

de ejércitos de alfileres que suben

por nuestros dedos,

y rasgan el sabor de la menta,

el sabor del futuro.

 

Queremos ser lo que podríamos ser,

lo que nuestras madres no fueron,

aquello con lo que jamás se atrevieron

ni siquiera a soñar nuestras abuelas.

Hoy, tres de enero de 1912, en Massachussets,

nosotras, las mujeres de Lawrence,

queremos el pan, pero también las rosas.

 

***

 

Il Vuoto

(Para Franco Battiato)

 

I

Soy el abismo que huye a tierra firme,

una isla perdida en busca de océanos y náufragos,

el tiempo que se observa en las heridas de un reloj.

Me transformo,

me disuelvo,

soy tigre,

soy agua,

soy el vacío.

 

II

He aprendido a leer el lenguaje rizado del silencio.

Soy consciente del bosque que me habita,

de la noche que se esconde

entre los dedos.

A menudo nado por debajo de mí misma,

hacia zonas subterráneas

y oscuras.

 

***

 

Revolución

 

Hay quien habla de revolución, hay quien sueña con la gran revolución, hay quienes adornan revoluciones como si fueran escaparates y hay quien hace la revolución de los suyos, de su tribu y de nadie más.

 

¿Para cuándo una revolución que vaya de lo cotidiano a lo universal? Una revolución que no deje a nadie en el camino, desde las criaturas más pequeñas a las más grandes: animales, ecosistemas, humanos.

 

Con permiso de Emma Goldman, si la revolución tiene jaulas, esa no puede ser mi revolución. Si un ser nace y crece para acabar su vida sangrando sobre mi plato, esa nunca será mi revolución.

 

¿Tú qué revolución eliges?, ¿la que crece en las franquicias o la que espera en el desfiladero de los sueños?

 

***

 

Pacto

 

Pacto,

necesito un pacto que me sacuda del hombro

la niebla coagulada,

que borre la memoria de los charcos

donde naufragan nuestros zapatos.

Mortales círculos de agua varada donde la nada habita

al son de los deshielos.

 

Isla, te doy mi risa cotidiana,

mi memoria de equilibrista,

los diarios febriles de las horas

en las que yo no soy yo

y mi ausencia huele a escalofríos de menta.

 

Hidrógeno para el olvido,

rizados sueños donde esconderme

de los días prestados.

Fluir de olas, tacto indómito,

libertad sin reservas.

Pacto, necesito un pacto

contra el guardián de tanta memoria.

 

***

 

Laberintos en verso

 

Abro la puerta con una llave de fuego,

la casa está templada

y el aire enredado entre las piernas

me empuja hacia adelante.

Un río de hormonas encendidas golpea

la habitación donde duerme Dana.

No, esto no es un sueño.

Esto es una tarde de mayo en Missouri,

una tarde cosida con horas espesas,

azules y celosas.

Una tarde donde los ángeles caídos

comparten fila en el supermercado del deseo,

con el calor estrangulándonos el cuello

y la sangre manando por laberínticos recuerdos.

 

Sobre la mesa yace un poema violado,

la tinta verdosa borra los caminos del verso

y consigue que las emociones huyan del folio.

Un desierto de papel ruge sobre la mesa dormida,

la casa se deshace entre los dedos.

 

Refugiados del invierno y sus apéndices,

una vez más nos despierta el deseo.

Cuando el calor invade las orillas de tu cuerpo,

yo me ausento de mí misma. Soy feliz no existiendo.

 

Y mientras el mundo se tambalea,

Dana sigue durmiendo en la habitación contigua,

ajena al desastre,

ajena también al paraíso por vivir.

 

No, esto no es un sueño,

esto es un poema que avanza

entre los bosques de tus ojos,

buscando el camino por donde escapar

de una jornada borracha de emociones

y presentimientos.

 

Dana aún no ha nacido,

este poema nunca se ha escrito

y tú y yo seguimos siendo

sólo un sueño.

 

***

 

Caminando por el campo

 

he visto a la muerte buscando a mis amigos,

cientos de seres alados,

de ciervos, de jabalíes,

de conejos, de perdices,

de galgos, de podencos.

Les he gritado con todas mis fuerzas,

quiero que dejen de ser cazados,

que dejen de ser maltratados

quiero avisarles para que escapen,

quiero que corran hacia la libertad,

que salgan del zulo,

que dejen de obedecer a quienes

al terminar la temporada de caza

los abandonan o los ahorcan

después de usarlos.

Pero la crueldad es más rápida

que mi voz,

la cobardía política es más rápida

que mi voz,

los cazadores y su desprecio por la vida

son más rápidos que mi voz,

y mientras disparan con sus dedos de cementerio,

mientras los encierran,

abandonan

o entierran

año tras año,

yo sólo consigo aullar un poema

a mis amigos.

Un poema que empieza así:

«Corred, corred, corred».

Sed libres.

 

***

 

¿Hasta cuándo?

 

Si los animales de las granjas,

zoos, circos, laboratorios,

si los perros abandonados

en zulos o en cheniles infectos,

si todos los animales del mundo

pudieran leer poesía,

elegirían estos versos de Miguel Hernández

para explicarnos cómo viven:

 

«¿Qué hice para que pusieran

a mi vida tanta cárcel?»

«Romped esas cadenas, y las otras que escucho

detrás de esos esclavos.

Son los encadenados por siempre desde siempre.»

 

Hasta cuándo permitir

que cientos de perros en este país

tengan sentencia de muerte

y de abandono cada febrero.

Hasta cuándo nacer,

crecer y morir entre rejas.

Hasta cuándo vivir bajo cadenas.

¡Rompámoslas ya!

 

***

 

Si no puedo imaginar, esta no es mi revolución

 

Aunque nadie lo crea,

en mi bolsillo derecho pasaron sus vacaciones

Magritte y su admirado Hegel.

Y en el izquierdo,

Rosa Luxemburgo y Emma Goldman

cerraron los paraguas de la desigualdad

con la esperanza de que un día

la lluvia nos mojará

a todos por igual.

 

Aunque algunos no lo crean,

hay trazos de primavera en la ceniza

que cubre nuestros pies,

y un sol radiante asoma

sobre los huesos de un cayuco herido.

Pequeños besos de cardamomo

entre los alfileres de la desesperación.

 

Escuchar el sonido de otros mundos

en el reverso de una tarde sin heridas,

depende solo de ti.

 

***

 

Días de mar

 

Vivo en la tierra, pero creo en el mar

y en sus poros salados y nerviosos.

Entro en un bar y pido dos raciones de olas salvajes

y una brújula sin heridas.

 

Hundo mi cabeza en el océano

de una tarde cualquiera

para humedecer los días áridos

que aún me quedan por vivir.

Salgo a caminar y me encuentro

entre hermosas islas.

Malta me regala diez días y cien noches para vivir sin prisas.

La tarde es casi perfecta.

 

Hay lugares que nos pellizcan

en el músculo azul de la lucidez

y te dejan un rato colgado

del espejo de los sabios,

hasta que una brisa urbana y déspota

nos devuelve a la lentitud de la rutina,

a la estupidez sin complejos,

a la oscuridad de los cuerdos.

Y de nuevo la vida varada

abre las puertas de su imperio.

El viaje al paraíso fue corto,

pero valió la pena.

 

Hay ciudades que dan la bienvenida

de espaldas,

son de interior, como tú,

y aunque besan con ganas

siempre dejan un rastro de agua dulce

que no sirve para amar.

 

Ciudades que te persiguen

con su perfume de asfalto.

Ciudades que te conducen,

como las sirenas de Ulises,

al naufragio cotidiano.

Ciudades como olas secas

que arrastran los inviernos

 

Vivo en la tierra,

pero creo en el mar

y en sus venas azules y nerviosas.

Hundo mi cabeza en el agua

para mirarme en el rostro

de los días placenteros y

encontrar por fin

las raíces de mis sueños.

Vivo en la tierra,

pero creo profundamente en el mar.

 

***

 

Cambiar el paisaje

 

Después de la guerra

todos queríamos cambiar de paisaje.

Yo le pedí a los dioses de lo imposible

que el norte se transformara en sur.

Mis hermanas pidieron ser bosque

en lugar de ser madres.

 

El cementerio le pidió a la muerte

convertirse en una humilde cafetería de barrio,

en un libro de aventuras

o en el sonido de la lluvia

golpeando el cristal

en una mañana de domingo.

 

Pero a veces la vida se burla de nosotros

e intercambia nuestros deseos

y, mientras yo me transformo

en un libro de aventuras,

mis hermanas se convierten

en una cafetería de barrio

y la muerte, en la lluvia que nos mira

a través de la ventana.

 

Y allí convivimos todos.

 

***

 

Entre las costuras de los días

se puede escuchar

la voz de las cosas pequeñas,

su pataleo por querer salir,

por dejar de tener miedo y silencio.

Entre las costuras de los días

habita un mundo que sueña

vivir en otros mundos.

 

***

 

De la vida

 

[Para Martín Navarro y Manuel Sanz.

Para todos los sastres del mundo.]

 

De las cosas sencillas se aprende siempre,

de las oscuras y complejas también,

decía el sastre de mirada líquida.

Y mientras nos hablaba de lo posible y lo imposible,

escobaba la habitación,

desafiaba las leyes del universo

o le daba cuerda al reloj del mundo.

Con el tiempo me he dado cuenta

de que aquel hombre era un sabio

con el que tuve la suerte de vivir,

aunque menos años de los deseados.

Anoté en mi libreta aquellas lecciones.

Y aquí estoy, aprendiendo de lo sencillo

y de lo complejo,

pero sin saber cómo darle

cuerda al mundo sin dislocarme

en el intento,

sin caer por un precipicio cósmico.

Te juro,

padre,

que lo intento.

 

***

 

En los mapas

de su cuerpo

no están señalados

los paraísos.

Encontrarlos

es cosa del destino

...o de nómadas sedientos.

 

***

 

Cayucos

 

Un día ese ejército de ilegales,

que ves en los telediarios

mientras pones la mesa, la lavadora,

el cd o el facebook,

mejor dicho, esa multitud de hombres y mujeres

que acumulan fronteras y cayucos en las manos

vendrá para explicar

en un idioma libre de llagas y visados

a qué sabe la vida que no es vida,

o cómo burlar la muerte es ya imposible.

Y escucharás sus voces sin intermediarios,

sin estadísticas,

sin la solidaridad caduca de los cuervos blancos.

 

No me preguntes cuándo.

Simplemente escucha

cómo cae

el insoportable peso de la historia mal contada.

 


 

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